A TRAVÉS DE LAS PALABRAS.

Tengo 20 años, y soy estudiante de Publicidad y Relaciones Públicas en la UAB, Barcelona.

Actualmente, experimentadora nata sobre cómo conectar arte, creatividad, comunicación, publicidad y escritura.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Flujo de conciencia

Espinas, sangre, dolor, gotas que resbalan por el cuerpo, alma que se parte en dos. Desaparecen las imágenes que no son imágenes, la imaginación, maltratada, desangrada, atacada de muerte. Y las heridas se abren en carne viva, y el fuego arde cerca del cuerpo, y mente y cuerpo como espinas una en otra que se clavan profundas que retuercen el estómago.
Y los ojos que escuecen que pican con alcohol que los atraviesa y no ve nada siempre había visto y no nunca había sido real. Sangre que cae, sangre que es vida hoy no queda duele y arde y se congela y tiene frío en esas estúpidas manos que jugaron a soñar. Todo perdido todo dañado no queda nada en el desierto lágrimas rojas polvo traído por el viento y clavos y golpes y vacío. Sombras del Sol persiguiendo mis pasos sin llevarme a ningún sitio que quieren huir que no encuentran sitio suficientemente tranquilo que en el ruido la salvación hallan por segundos.
Y repetición y gritos despedazados y dientes que duelen y manos que crujen y manos que manos qué estúpidas son. Mente que recuerda que no olvida que quiere que ama y se retuerce en la cama, que engulle la almohada ahoga la garganta y gritos y más gritos y sangre y espinas y dolor.
Y túnel que no es túnel que no existe que no hay salida no hay puerta sólo yo y ella maldita sea huir de aquí escapar que más amor no quiero fuera vete no me mires no recuerdes no hay nada que sentir. No hay que sentir no hay nada que sentir nunca sentí jamás pensé que quizá yo pudiera ser feliz fuera fuera el pensamiento no lo necesito todo para ti. Aléjate rápido que el viento te lleva, que borra el recuerdo.

Sólo tu y yo lo que hemos sentido; has querido has provocado me he arrastrado que murió sin morir. Que la voz me mata que no queda nada vete vete así de la mente por favor, que vuelvas sólo si la historia ya no la quieres que va a cambiar.


(A.M.)

viernes, 3 de diciembre de 2010

I




Hoy, será Irene quién se coma al mundo, aunque no pierda jamás la costumbre de vivir con un compás de retraso. Con su mochila bien cargada el camino hasta el instituto se hace eterno, y para colmo su pelo parece empeñado en enredarse en el fuerte viento de otoño. Cientos de hojas en el suelo; un día va a caerse. Irene atraviesa la alfombra, convencida de que ha sido puesta expresamente para retrasar aún más su llegada. Entonces siente en sus pies e, inmediatamente, en sus oídos, el crujir de las hojas secas bajo una pisada. Le llega el olor del frío, mezclado con el de los árboles que se desnudan sin pudor ante la vista de todos. Piensa que a la hora del descanso irá a la calle que da directamente al cielo abierto de la autopista, una calle solitaria, donde las estaciones juegan con el pelo y con los sentimientos de amor.


(Ainoa Marco de la Torre)

lunes, 22 de noviembre de 2010

Presente.

Me aterra la existencia del tiempo. Ese maldito segundero delimitando cuánto me retardo en mis acciones. Y el caminar silencioso del calendario, que observa la tarde de lluvia desde las últimas horas de esta cara de la hoja.

Espero a que llegue un tren vacío que me lleve a ninguna parte y me devuelva en otro viaje leve. Ida y vuelta con la compañía de los árboles que crecen tras los sucios cristales. Siempre deseando que llegue la luna, que llegue el día en que seré feliz, que llegue mi sueño, y que así pueda reír. Esperando sin moverme porqué ese día es importante y he de llegar en las mismas condiciones en las que estoy hoy. Inmóvil, esperando. Y las fechas llegan, suceden y se alejan en el tiempo, y yo soy el pasajero que llega tarde y recorre el largo de la vía arrancando su maleta al suelo, hasta que el andén se acaba y no hay forma de llegar al tren.

Pero soy cabezota. Repito en mi memoria las secuencias que quedaron recogidas en mi retina, y así no podré olvidarlas. Nunca voy a reconocer que las he olvidado. Las imágenes no son más que eso, sombras de una realidad que ni tan siquiera es la original.
Un pez que boquea desesperado aún y cuando ya ha sido arrancado del agua, eso es todo. Un pasado, cuatro hechos, y un recordar constante. Nada nuevo. Cuatro cuerdas y una vida que avanza por mi espalda.

Avanzo con la tortura de que el tiempo me hace vieja, y al acabar del pensamiento reconozco que esos segundos me han perdido aún más. Aferrada a cosas que ya viví y ansiosa por los pequeños planes que me esperan. Y dándome cuenta en el último segundo de mi vida de que para mí no ha existido el presente.


(A.M.)

lunes, 8 de noviembre de 2010

Todas las vidas, sean como sean, son tristes.

En su vieja butaca, el cansado y reciente abuelo gastaba los segundos de su existencia. Desde una posición privilegiada observaba las estanterías repletas de libros, que unían como por arte de magia suelo y techo de la estancia. Allí se almacenaban desde los volúmenes más viejos, cubiertos de polvo, hasta el libro comprado aquella misma mañana. Todos perfectamente ubicados siguiendo un orden sólo comprensible para él.

Los ojos del pobre hombre se encontraban hundidos en un rostro no tan experimentado como sus arrugas podrían hacer creer. A su sonrisa le faltaban un par de dientes, o tal vez había llegado a creer que le faltaban tras haber tenido tantas veces aquella terrible pesadilla. La ventana de la biblioteca dejaba pasar una gran cantidad de luz, pero ya eran las cinco de la tarde y el invierno se acercaba.

El hombre, absorto en sus pensamientos, mantenía la mirada fija en el joven árbol que, a algunos metros de la ventana, guardaba silencio. Ni un niño en la calle, ni un pájaro descansando en sus ramas, ni una ráfaga de viento agitándolas. De repente, recordó que alguien le había dicho alguna vez que todas las vidas, sean como sean, son tristes. Sí, alguien se lo había dicho muchos años atrás.

Recordaba cómo veía los árboles cuando aún era un niño. Entonces el mundo le parecía mucho más grande, más alto, más inalcanzable. Recordaba cómo odiaba los inviernos, aquellas peleas con sus padres para poder llegar a casa más tarde de las cinco. Recordaba, vagamente, haber tenido una vida que no era la suya, una vida programada, basada en los horarios y en unas responsabilidades que parecía perseguir sin llegar a cumplir nunca. Recordaba todos los libros que leyó aquellas tardes que permanecía en el sofá.

De repente, el hombre se agitó nervioso en la butaca, asustado por lo que debería ser una copa de cava rompiéndose en el salón de los vecinos. Genial, había perdido el hilo de sus pensamientos. Y seguía sin recordar quién le había dicho aquello.

(A.M)

sábado, 6 de noviembre de 2010

53.

No, no y no. Nada puede estropearse ahora. Nunca os forméis una personalidad débil.


Aunque ciertamente ahora detecto mi problema, y es que confundo enfado con dolor. Cuando la voz es demasiado suave, corre el riesgo de que a larga se convierta en un silbido molesto a la atención. Una atención demasiado básica, incapaz de superar la barrera del horizonte para entender algo más. Una mirada que ve sin una mente que relaciona.
Y así, mis gritos se convierten en lágrimas interiores carentes de tiempo para elevar la voz. No pretendas mucho más que ser una pobre sombra que ya se cansará de ir por delante a la multitud.



Debería ser más fuerte, proponérmelo de veras. Agradar a todos sigue siendo idiota si eres capaz de ver las nubes del cielo y no piensas renunciar a ese privilegio. Debería contestar, decir lo que pienso aunque ofenda, dejar de procesarlo todo en una capa superficial que acaba encontrando poros por los que adentrarse. Responder a los reproches, y atacar a las indirectas.


Debería proponérmelo de veras, porqué no pienso traicionarme.

viernes, 5 de noviembre de 2010

...Because I'm a woman (8)

Nadie nos enseñó a amar, y sin embargo un día enredamos nuestras piernas entre los rosales del amor. Perdimos nuestras caderas, tan presionadas fueron por esas pequeñas bombillas de Navidad que siempre se enredan. Perdimos nuestro corazón, tan alocado que vivía día y noche entre paredes que no eran para él.

Tampoco nadie nos enseñó a corregir nuestros errores cuando estamos metidos de lleno en ellos. Nos avisaron, decenas de veces, incluso un centenar. Pero tan obcecados estamos en gozar de nuestra propia perdición que olvidamos como echar a correr.

Lo cierto es que las personas aprendemos a disimular, pero seguimos siendo lo que somos. Nos empeñamos en ir de cabeza hacia el dolor, convencidos, tal vez, de que buscamos hacernos más fuertes. Y unas veces lo conseguimos, y otras seguimos dando cabezazos, haciéndonos daño hasta que en el algún momento la pared se tendrá que caer. Y si, algunas veces se cae, pero quedan marcas en el cuerpo que tiempo después, con suerte entre la sonrisa de una persona que ya no disimula, nos hará recordar. Esa, y sólo esa, puede jurar ser una persona verdadera.

Y es que el amor trastoca los sentidos y la percepción del mundo. El amor nos hace esperar, convencernos, amar en sueños a abrazos pequeños, atesorar el tiempo y, porqué no, causar el caos en el argumento de nuestros escritos.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Dime si tienes ganas de mi.

.
"Dime si la convicción de que la fuerza de amar no muere con la juventud es cierta.

En el mundo sensible, los conceptos son cambiantes y nuestras imágenes, subjetivas. El mundo de las ideas no me interesa, allí hace frío y para cubrirme sólo llevo mi piel.
Así, la idea de belleza ha de contentar a nuestros cinco sentidos.

Ha de ser agradable de ver, de olor atrayente, sabor dulce, de sonido que acaricie y tacto que nos haga estremecer.

Bien, pues a mi me faltan tres sentidos. ¿Qué donde han quedado?
Probablemente mucho más lejos de lo que mi estropeada vista me permite ver.
Seguro que más allá del susurro que mi oído puede detectar."
.

Y dime, ¿tienes ganas de mi?

sábado, 9 de octubre de 2010

:)



Al norte de la isla algún fruto, no demasiado grande, cayó al suelo y removió el grupo de cuatro enormes hojas que levantaban medio metro del suelo. El árbol que se cernía sobre ellas dejaba pasar apenas triángulos de Sol, de manera que éstas aparecían dibujadas con sombras que un loco bien se pararía a interpretar.
Un poco más allá, hacia el sur, un animal salió huyendo ante el ruido de pisadas en otoño, que sin embargo fue producido por la caída de una rama alta. Se perdió entre los troncos, ágil, en dirección a la playa.

Una isla desierta; era lo que le faltaba. Había salido con su barco a buscar inspiración en alta mar. Llevaba años viviendo de sus lienzos, pero las obras eróticas habían dejado de ser una novedad en el mercado. Necesitaba algo nuevo, y las olas se lo darían.
Para lograrlo quiso alejarse demasiado del ruido, del puerto y de todas esas cámaras de fotos retratando a parejas bajo una gaviota, y así acabó haciendo sus bocetos a la sombra de un candil. Entonces él, navegante aficionado, perdió la orientación.
Cuando retomó la conciencia ya estaba allí, boca abajo en la orilla de una isla de silencio curioso, girándose bruscamente en un primer momento para localizar su barco. Pero éste no se encontraba al alcance de su vista.

A partir de ese momento el joven náufrago se abandonó al mundo de sus pensamientos, aquel que le parecía mucho más cierto y verdadero que la pesadilla de un aparente naufragio.
Recordó, como si aquel paisaje virgen hubiera liberado las partes bloqueadas y escondidas de su memoria, decenas de rostros que habían pasado por su vida años atrás. Recordó viejas afinidades, ojos con lo que apenas cruzó unas pocas palabras y que ahora se arrepentía de no haber perseguido para poder verlos de nuevo. Recordó también a aquellas sombras que había atesorado durante largas etapas y que ahora sin embargo había obligado a conformarse con un lugar en el estante superior. Aunque las cajas con polvo siempre va bien bajarlas de vez en cuando para pasarles un trapo por encima, pensó.
Y, así, el joven pintor quiso seguir dando voz a su cabeza. Pensó en su chica y en el abrazo que le daría al regresar, e incluso se aventuró a soñar con cómo serían sus hijos. Probó de calcular cuanto tiempo estaría allí, si sería salvado a tiempo para las vacaciones de verano. Lo tenían todo ya planeado: ellos dos, solos, visitando las románticas islas griegas. Además, dentro de dos semanas presentaba una exposición de cuadros que preveía ser visitada por personas de toda la península, aunque para llegar a ese momento debía pasar por las previas noches de café y pincel en mano para acabar así todos los lienzos.

De esta forma, una nueva noche cayó sobre la playa, llevando con ella el agotamiento que hizo al náufrago cerrar los ojos sin otra posible elección. Así, quedó dormido, en el mismo lugar en que le había abandonado la marea, frío y con la ropa húmeda pegada a su cuerpo, con las olas de la noche rompiendo a escasos centímetros de sus pies.


(A.M.)

viernes, 1 de octubre de 2010

Calma, ¿y dolor?

Algunas noches, incapaz de evitarlo, la muerde la melancolía; la soledad. Las velas de su santuario consumen los cirios de plastilina ardiente, impasibles, acercándose en el transcurso de las horas a su final y, por consecuencia, a su muerte. Tras las cortinas ya no queda luz. Hace tiempo que los niños de la calle fueron llamados desde las ventanas a cenar.

Los bellos recuerdos se apagan. La melancolía, único presente; ese monstruo no frenado en el camino de aproximación, en sus pasos presurosos hacia aquel norte, ahora, ya más tarde, imposible de detener. Se alimenta de ilusiones y de llamas de luz, ama sobretodo las sonrisas decaídas. Un acertado beso suyo inicia la historia de una existencia gris. Pero evitando sus labios de carne muerta se alcanza la salvación tras la innegociable noche de condena.

El caso es que en esta velada una escritora se debate en las tinieblas del cansancio espiritual. ¿Su alma se encuentra en calma? Sí, tal vez sólo más lenta de reflejos de lo habitual. Se siente sola, de vez en cuando toda manta desaparece de su salón, y esta noche siente frío en su interior. Extraña la pluma que antes manejaba entre sus dedos, olvidada ahora al fondo de un cajón. No escribe. Piensa. Piensa en un hombre que esta noche no la quiere, que esta noche la ha olvidado, a ella, con la manta invisible sentada frente al fuego de su salón. Sólo dos versos pronunciados por sus labios secos, sedientos de amor. Antes de desplomarse en la alfombra moteada de fuego.

"Pronto.
O me quedaré sin voz."

domingo, 26 de septiembre de 2010

Etiquetas.

Me gusta la cocina de mi casa, de hecho, parece sacada de una esas revistas de interiores. El suelo es de madera, y los muebles, y hasta esa estrecha estantería que queda sobre el tramo final de mármol. Recuerdo cómo de pequeña no podía llegar a ella para darle a mi madre los botes de cristal. Son del tamaño del bote de mermelada, aunque lo que siempre he visto que guardaran ha sido todo tipo de especias. Mi madre, cuando cocina, se retira unos pasos del mármol, alza la vista y recorre con su mirada todas y cada una de las etiquetas que identifican el interior de los doce recipientes. Es la única manera de que no eche tomillo en lo que pretende ser un postre.














Hoy no tenemos orégano en casa. Ayer por la tarde mi mente distraída hizo que ese bote resbalara de mis manos. Cayó en el límite del mármol, como un balancín que se sujeta sobre medio cuerpo. Sólo que en este caso no llegó a sujetarse. Impactó contra el borde y estalló en mil cuchillos de cristal, una gran parte de los cuales superaron rápidamente la distancia hasta el suelo. Uno quedó clavado en mi pie. Fue un dolor insoportable y, tras la visita a urgencias, una noche de pesadillas. Hoy no queda rastro de orégano ni de cristal. Pero la etiqueta que con mis trazos indica el nombre de aquello que se ha perdido sigue ahí, intacta.


(A.M.)

lunes, 20 de septiembre de 2010

Sensaciones.

Es cuestión de sensaciones.


Inconsciente, desaperciba. Una respiración pausada y plenamente tranquila, un aliento algo frío que llega al rostro Unos dedos que han quedado enredados en el pelo, ahora quietos, ya dormidos. Una piel que roza el brazo, una piel suave que roza el brazo. El cuerpo dormido se remueve de tanto en tanto, sobresaltando otro que queda despierto, expectante y observador. Sobresaltado ante un constante contacto.

Observa los ojos cerrados, tiene miedo a que se abran sin previo aviso. El brazo extendido hacia arriba contrae la mano en un impulso, sobre el pelo enredado. El otro cuerpo respira fuerte con la boca entreabierta. Y, como no, la lágrima brota al fin de la laguna de sus ojos.


(A.M.)

martes, 14 de septiembre de 2010

Quiero ser pequeña.


Quiero ser pequeña, víctima de un hechizo maravilloso, no pequeña como un ratón o como la verruga de una bruja, sino pequeña como el alma grandiosa y sincera.
Quiero ser pequeña, para así poder caber en tus brazos, recibir tu cálido abrazo.
Y sólo entonces salir corriendo y obligarte a perseguirme, y jugar a que me escondo donde tú ya sabes que yo estoy.
Y que me cojas con cuidado y quedarme sobre tu hombro, escalar hasta tu oído y hacerte cosquillas con mi pelo.
Y viajar en tu hombro siempre y siempre, y poder así ver miles de amaneceres.
Quiero ser pequeña para que tus dedos delicados agarren mi cintura, y me lleven por siempre más al paraíso donde guardan las sonrisas.

.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Feria de verano.

Irene sabía que debía hablar, pero no pudo más que esconder el sufrimiento entre palabras que no conseguía ni tan siquiera elaborar en su mente. A menudo imaginaba la vida como una feria de verano o un parque de atracciones, en que durante unas horas los gritos y sonrisas de niños y adolescentes acallaban el sufrimiento de esa parcela del mundo, de sus familias y de sus propios corazones. Le dolía tener tan clara confesión de que todo era una farsa perfectamente montada, donde las piezas de los puzzles encajaban mientras no hacía aire. Pero tarde o temprano se levantaba un temporal. Las piezas de los puzzles hechos bajo el Sol en mesas de jardines y terrazas se perdían para siempre, los feriantes debían cubrir con telas las atracciones. El frío llenaba esa parcela del mundo. Las puertas y ventanas golpeaban, la gente gritaba para hacerse oír.

A algunos kilómetros de la mente de Irene, un niño de escasos seis años se había perdido en un centro comercial. Se trataba de un niño delgado y reservado, de piel medianamente blanca y un bonito pelo moreno. Los ojos grandes, despiertos; la boca, nariz y manos, pequeñas.
Su rostro había quedado entristecido, pero se negó a dejar caer una sola lágrima. Hizo el camino contrario al que sabía que debía hacer, y se dirigió con pasos lentos hacia la puerta de salida del centro comercial. Una vez en la calle, se sentó en el suelo a esperar.

Cuando con la caída de la noche y las tiendas a punto de cerrar, sus padres lograron encontrarlo, en sus rostros no hubo sonrisas de alivio ni alegría, ni abrazos ni palabras. Sólo un “venga, volvemos a casa” por parte de ambos adultos. De la misma manera, el niño de seis años no pronunció palabra alguna ni mostró experimentar ninguna emoción hasta prácticamente tres horas después del suceso. Entonces, lo único que dijo antes de dirigirse hacia su cama fue un “¿Estáis enfadados conmigo?”
 
Ni caricias, ni abrazos...
Quiero estar contigo...

.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Fantasía.


La niña, hoy, toma conciencia de su cuerpo. Sus piernas suaves, sus manos delicadas, sus finas curvas; delatando que no es tan niña como quiere ser. La niña, hoy, tumbada sobre las sábanas de la cama. Su cabeza a los pies y sus pies, tras unas piernas dobladas en uve invertida, centímetros más abajo de la almohada. El abismo a su izquierda. Observa la mano derecha, lentamente, girando su muñeca, formando un puño frágil e inocente, separando de nuevo los dedos hasta perder de vista sus uñas; gira de nuevo la muñeca, ahí están. Roza apenas la pared blanca que acaba con la anchura de la cama. Es esa sensación suave, ligeramente rugosa. Entonces acaricia sus piernas, de nuevo esa sensación suave, ligeramente nerviosa. El vello de sus brazos erizado, los ojos cerrados. Bajo la ropa, la respiración muy lenta marca sus costillas en cada movimiento. Sus pies pequeños, inmóviles junto a la almohada. El pelo retirado de debajo de sus hombros, a continuación del cuerpo estirado, en el límite del colchón. Sus brazos se mueven lentos, acarician el pelo todavía húmedo y se posan sobre su vientre, meciéndolo al compás de su respiración. En el radiocasete que hay sobre la mesa, la lenta canción ahora repite “cruzando a tu balcón cada madrugada”.


(A.M.)

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Pasión.

El amor eleva las alas
de todo ángel prisionero.


En su solitario paseo nocturno había alcanzado, con pasos vagos, lentos… la gran fuente del paseo que dividía, impecable, el pequeño pueblo en dos. No había sido consciente en todo aquel recorrido de cuánto se estaba alejando de casa. La robusta puerta de madera, que dejaba atrás aquel modesto hogar en la última planta de un bloque de cinco pisos, había sido cerrada inconscientemente por una mano lenta, ausente. Empujar el pomo hacia el marco, introducir la llave y darle dos vueltas. Lo había hecho cientos de veces en los últimos siete años, pero a menudo volvía preocupado al principio de la noche imaginando que la cerradura había sido asegurada con una única vuelta de llave. Entonces, dejando correr la melancolía por su joven alma, observaba las estrellas apoyado en la barandilla del balcón delantero, aquel que conectaba con el comedor. Amaba la noche, en compañía o, casi siempre, en soledad.

Era quince de Agosto. Bueno, no exactamente. A esas horas el sábado ya llevaba dos horas de vuelo. En esos momentos, no quería pensar en el peligro que corría su integridad física al haber de cruzar de nuevo dos kilómetros y medio de aceras, campos y callejones de camino a aquel bloque de pisos. No acostumbraba a salir tan tarde, pero aquella noche no se encontraba bien. El termómetro de la farmacia que hacía esquina en la plaza del ayuntamiento parecía haberse quedado a descansar en los treinta y dos grados de temperatura. Aún y así, estando aún al otro lado de su ventana, había sufrido un tremendo escalofrío. Había sido extrañamente breve. El vello de su cuerpo erizado, dolor de barriga. Después, frío intenso durante unos minutos. Y un último y escueto escalofrío de desesperante calor.

Frente a la fuente, abatido, metió las manos en los bolsillos de su pantalón tejano, largo. Sus ligeros dedos reconocieron en el interior el billete de autobús de aquella mañana, un paquete de pañuelos bastante destartalo, un móvil sin batería y algunas monedas de céntimo. En aquel pueblo pocos eran los que creían en algo más profundo que el puro vandalismo, y aquella fuente contenía todo tipo de desechos. Pero ni una sola moneda. Él, tal vez romántico y soñador, lanzó las tres primeras monedas a aquel agua turbia. Lentamente, una tras otra, elaborando en sus adentros un callado deseo, repitiéndolo una primera, segunda y tercera vez.


 Amaba las novelas italianas, los candados de amor sellando puentes, las fuentes repletas de diminutos destellos en su fondo, las caras motos trucadas llevando a apasionadas parejas de adolescentes de un lado a otro de la ciudad. Amaba la ropa ligeramente manchada de hierba y las manos entrelazadas, las vendas que cubrían los ojos para dar sorpresas y las miradas con propia voz. Todas esas imágenes iban dentro de cada moneda abandonada en aquella agua estancada.

Girando sobre sí mismo para volver, al fin, sobre sus pasos, lo último que vio fue la chispa de una estrella reflejada en aquella fuente dónde, en apenas un segundo, sus ojos creyeron ver miles monedas guardianas de los sueños más profundos de las vidas más intensas.

domingo, 22 de agosto de 2010

Repetición.

Cientos de palabras en mis labios escondiendo tan solo sentimientos repetidos. Soledad. Miedo, y frío...
Despertar una mañana cualquiera y sentirse el ser más miserable de la Tierra. Mirarse al espejo y ver que está sucio, casi tanto como tu rostro falto de ganas de desperdiciar un día más de tu existencia. Porqué vas a hacerlo, igual que has dejado atrás días y días sin ningún valor. La casa se cae a pedazos, te consumen esas paredes, y fuera de ellas tampoco tienes nada que hacer. O tal vez sí, pero lo que quiera que sea se encuentra demasiado lejos y no puedes ir andando. Te abandonas en una silla cómoda y piensas en cómo arreglar el mundo. Pero nunca vas a entender que sentada frente al segundero del reloj todo va a seguir igual.

Nunca has entendido nada, y hoy eres poco más que una alma errante. Ayer volviste a torturarte bajo las sábanas, dando más vueltas de las posibles a hechos que ni tan siquiera pertenecían a tu propia vida.
Sin embargo, conseguiste cerrar los ojos con una sonrisa, gracias a tu secreto.
Pero al despertar, sólo los labios tensos en un rostro marcado con los arañazos de tus pesadillas.

.

jueves, 19 de agosto de 2010

Quiero. Deseo.

Deseo tus abrazos,
tus besos,
tus caricias.

Quiero esas manos seguras sobre mi piel, sonrisas infinitas acompañadas de lágrimas de luz, mariposas nerviosas volando de nuevo. Quiero la luna que guarda mis noches en vela, quiero las estrellas que danzan en las olas del mar. Quiero suspiros de fuego, deseo esa palma que roza la mía al otro lado del cristal.


¡Pero es un secreto!
Cuéntaselo sólo al cielo, a las olas y al viento.

.

sábado, 14 de agosto de 2010

Naipes.

El castillo de naipes que está sobre la mesa del comedor acaba de venirse abajo. Ahora Clara se arrepiente de haber malgastado tantas horas en levantarlo y, además, se ha hecho daño en la rodilla con la esquina de la mesa.
Tiene tiempo de sobra hasta que se ponga el Sol, son horas y horas en que sus dedos se deslizan por las teclas del antiguo y cuidado piano de cola de su salón. La música que sale de aquellos ligeros movimientos es lenta, apagada. Toca siempre en escalas menores, sin dejarse atrapar por la luminosidad de un buen acorde mayor. Tal vez sea la tormenta eléctrica de aquella tarde, o tal vez se trata de una tristeza encubierta por la pérdida de su trabajo con las cartas.

Clara toca bien, y puede permitirse el lujo de ceder las decisiones de movimiento a sus dedos y ocupar su mente en otra tarea. Deja correr sus pensamientos. Recuerda el pasado, su infancia, su adolescencia. Siempre creyó entender porqué aquella era considerada una época de descubrimientos y de felicidad. Siempre creyó entenderlo y estar aprovechando cada segundo de esa bendita etapa. Pero se equivocó, y mucho, y ahora lo sabe. Recordando, las notas del piano se alimentan de su lento sufrimiento, absorben sus lágrimas entre escaleras de teclas blancas y negras.

Horas más tarde, en la profundidad de la noche, el gato color canela se sienta a su lado en el sofá, con la cabeza apoyada en el regazo de Clara.
- No deberías acercarte a mí. Y mucho menos darme muestras de afecto. Todos piensan que soy un monstruo egoísta y con un interior lleno de ira. Deberías huir. Te lo aconsejo.


Acto seguido, Canela se aparta de ella con un maullido de desprecio.


(A.M.)

jueves, 12 de agosto de 2010

Maldita sea, no consigue quitarse de la cabeza aquella imagen. Un coche rojo se abalanzó sobre ella mientras cruzaba la calle durante la última noche. Tuvo miedo, mucho miedo. Y ahora ese suceso la persigue, la atormenta. Aquellos chicos riéndose de ella desde la ventanilla bajada, apenas unas sombras grotescas en la velocidad de la embestida.

Su vida ha acabado, y de la peor manera posible. De día consume las uñas de sus finos dedos para calmar así su ansiedad. Su pierna derecha se encuentra siempre temblando bajo la mesa. Y su respiración se ha vuelto agitada entre sollozos tenues, constantes y nerviosos. Ya no sale a la calle, y la tristeza la está haciendo día tras día más pequeña en su pequeño caparazón.
Pero las noches son aún peores. Mientras su casa se encuentra callada, sumida en la tranquilidad que solo da el descanso, ella abre y cierra los cajones de su escritorio en busca de algo que hacer. Algo que baje la velocidad de los latidos de su corazón, que la conduzca tan imperceptible hacia el sueño como los buenos libros. Porqué hasta ellos han dejado de hacerle efecto.


Una mañana, su hermano mayor la encontró en la mesa de la cocina, con los ojos tan despiertos como inyectados en sangre, los brazos arañados de sus propias uñas mal cortadas. Llevaba dos semanas durmiendo dos horas diarias sin que nadie lo advirtiera, y aquella noche había sufrido un largo ataque de ansiedad. En silencio y a oscuras, engullendo el sufrimiento.
Al ver a su hermano, la chica se levantó en silencio de la mesa. Se dirigió al baño y se metió en la ducha. No había encendido el calentador del agua. Allí, durante 40 minutos, se frotó la piel hasta hacerse daño.

Estaba llena de una suciedad invisible a los ojos, muy distinta al rastro físico de cuando uno cae de bruces en el barro.


(A.M.)

martes, 10 de agosto de 2010

Respirando tu aire
soñando tus sueños
y quiero que sepas
que tu estas en ellos
que eres la culpable
de todos mis desvelos
quiero que comprendas
que tú eres mi anhelo.

Me paso los dias
las noches enteras
pensando en el amor
que corre por mis venas
pensando que buscaba
alguien que me quisiera
y que al fin encontré alguien
que vale la pena.

Y quiero confesarte
que mi vida eres tu
el angel de mi guarda
el que me entrega su luz
la que ilumina
el callejón sin salida
la que le ha dado
una esperanza a mi vida (x2)

Estoy aqui a la luz de la vela
escribiendo una canción
a la mujer mas bella
porque quiero que sepa
que me enamoré de ella
y la quiero llevar
conmigo hasta las estrellas.

Esa sensación que
recorre mi cuerpo
cada vez que me miras
y se detiene el tiempo
cada vez que me besas
me robas el aliento
tú eres la princesa
que me devolvió el cuento.

Y quiero confesarte
que mi vida eres tú
el angel de mi guarda
el que me entrega su luz
la que ilumina
el callejón sin salida
la que le ha dado
una esperanza a mi vida (x2)
Respirando tu aire
soñando tus sueños
quiero que sepas
que tú estas en ellos
que eres la culpable
de todos mis desvelos
quiero que comprendas
que tú eres mi anhelo.

El amor qué es
el amor qué será
el amor que sentí
por tanto tiempo y veraá
que me expresaré
segundo a segundo
antes de que por fin
se me acabe el mundo.

Y quiero confesarte
que mi vida eres tú
el angel de mi guarda
el que me entrega su luz
la que ilumina
el callejón sin salida
la que le ha dado
una esperanza a mi vida (x2)

http://www.youtube.com/watch?v=4cR7u9ZMONo&feature=related

Maldita lágrima traicionera...
El problema de la luz es que no sabe abrazar.
Y mientras, la oscuridad se va apoderando del alma, sin besos ni caricias.
El amor qué será...

domingo, 8 de agosto de 2010

Encerrada.

Necesito poner freno a mis pensamientos.
Nunca se han caracterizado por su silencio, pero han llegado demasiado lejos. Me he convertido en un cuerpo vagabundo, dominado por una fuerza leve que lo guía al caminar. Mis ojos, antes marrones, se han vuelto grises. Como sin hambre, hablo sin fuerza y soy incapaz de dormir. Quizá sea eso lo que más me molesta, al fin y al cabo. Y es que en el techo que queda sobre mi cama no hay espacio para un dibujo más, y me preocupa no saber en qué alternativa refugiarme ahora durante tantas horas de oscuridad.

Que alguien tienda sábanas blancas en mi jardín.

Fuerza.

Todas las enfermedades que hoy en día son consideradas extrañas, inexplicables, tienen algo en común. Las personas que las padecen se apagan, lentamente.
No padecen absolutamente ningún síntoma externo, ni tan siquiera las tan abundantes magulladuras en el cuerpo que suelen sufrir los pacientes terminales, sin causa aparente, debido a la mera debilidad de sus cuerpos. En estos inusuales casos no se pierden facultades mentales, e incluso he visto grandes atletas elevando copas sobre sus cabezas hasta el mismo momento de su caída.

Sin embargo, sus emociones se extinguen como el ritmo de las olas en la orilla. Silenciosas, se van retirando hasta quedar guardadas en el alma, donde nacieron años atrás, enérgicas y exuberantes, con la llegada del nuevo ser a la vida. Sus corazones laten cada segundo más despacio, aunque tardarán días, meses o incluso años en detenerse completamente. Sus voces son cada vez más leves, flojas, translúcidas. La vida que albergan esos cuerpos se va despidiendo de la luz, sin apenas darse cuenta y sin poder recuperar los gritos, las sonrisas sinceras, la fuerza.



Aunque, como digo siempre, la humanidad está ciega y yo les grito mis palabras al oído para que las vean.

Redactado por el doctor Hernández, del Hospital San Pablo, Barcelona.



(Ainoa Marco de la Torre)

sábado, 7 de agosto de 2010

(Las chispan se pierden en el viento...)

Olivia tiene sesenta y dos años. Ahora es una mujer que lleva una vida tranquila junto a su marido en una preciosa casa de campo, donde a menudo van sus hijos a verles.
Su memoria es prodigiosa, pero ella no la quiere. Todos sus recuerdos están mancillados, rotos e inservibles, tan deteriorados como aquel osito de peluche que guarda en secreto en el cajón junto a su cama. Le falta un ojo que lleva años confiando en encontrar, si más no en algún rincón de aquella casa uno de repuesto en una tienda de cosas viejas. Pero durante todos estos años, desde que a los diez lloró tres noches seguidas por la falta de compañero que la devolviera a la luz al perderse en sus pesadillas, no ha encontrado el sustituto perfecto.
Olivia recuerda el noventa por ciento de las experiencias que le ha dejado su existencia. Sin embargo, es incapaz de sentir felicidad en ninguna de ellas. En absolutamente ninguna. Nadie lo cree posible.

Quizá ella lleva toda la vida siendo muy exigente. Sí, tal vez nació creyendo que en la Tierra el Sol brillaba día y noche a máxima intensidad. Tal vez cada luna que ha visto en su vida le ha ido llenando el alma de una neutra oscuridad para la que nunca estuvo preparada.



(Ainoa Marco de la Torre)

lunes, 2 de agosto de 2010

"Mi amigo Óscar es uno de esos príncipes sin reino que corren por ahí esperando que los beses para transformarse en sapo. Lo entiende todo al revés y por eso me gusta tanto. La gente que piensa que lo entiende todo a derechas hace las cosas a izquierdas, y eso, viniendo de una zurda, lo dice todo. Me mira y se cree que no le veo. Imagina que me evaporaré si me toca y que, si no lo hace, se va a evaporar él. Me tiene en un pedestal tan alto que no sabe cómo subirse. Piensa que mis labios son la puerta del paraíso, pero no sabe que están envenenados. Yo soy tan cobarde que, por no perderle, no se lo digo. Finjo que no le veo y que sí, que me voy a evaporar...

Mi amigo Óscar es uno de esos príncipes que harían bien manteniéndose alejados de los cuentos y de las princesas que los habitan. No sabe que es el príncipe azul quien tiene que besar a la bella durmiente para que despierte de su sueño eterno, pero eso es porque Óscar ignora que todos los cuentos son mentiras, aunque no todas las mentiras son cuentos. Los príncipes no son azules y las durmientes, aunque sean bellas, nunca despiertan de su sueño. Es el mejor amigo que nunca he tenido y, si algún día me tropiezo con Merlín, le daré las gracias por haberlo cruzado en mi camino."


("Marina", Carlos Ruiz Zafón)

sábado, 31 de julio de 2010

En la noche.

Pobre miserable.


La gran afición de Marcos residía en los paseos a la luz de la luna. Sólo entonces, el ligero descenso de la temperatura lograba hacerle llegar aquella extraña sensación que tanto amaba. El vello de los brazos, libre de la prisión que los ahogaba durante el invierno, se erizaba. Su andar, ligero y solitario. Marcos era un transeúnte más con algo de frío, pero su mente elaboraba una increíble sensación de abandono y soledad invisibles entre el gentío.
Amaba la sensación de peligro que exhalaban los callejones envueltos en humo, amaba las calles desiertas donde correr y dejar oír sus pasos. Los breves minutos que lograba robarle a la noche eran su paraíso, eran las sombras de sus secretos. Allí, en bancos olvidados de lugares poco recomendables hablaba con el tiempo, sobre sus sueños, sus anhelos, sobre todo aquello que la llegada del Sol volvía imposibles, locuras en un mundo de extraños seres que se creían cuerdos.


Pero su desgracia llegó un viernes 30 de julio de un año cualquiera. Marcos viajaba aún en el tren de la juventud, llevando como equipaje un fuerte idealismo y numerosas creencias ancladas en el romanticismo.

Había adquirido como costumbre llevar a todas partes, en el bolsillo derecho de su pantalón por debajo de la rodilla, un pequeño aparato de música. Aquella noche, la nitidez del cielo permitía ver a algunos metros de distancia la luz fluorescente que dibujaba un rectángulo de luz en la tela.
Marcos había llegado hasta un pequeño parque cuando aún quedaba claridad en el cielo, y ahora el camino de retorno a casa aparecía recortado en sombras que ocultaban a seres del inframundo. La atmósfera de aquellas calles destilaba un persistente olor a tabaco y probablemente a substancias ilegales. Pero Marcos no tuvo miedo, y gozó con la cabeza bien alta de aquel paseo que le llevaría entre cientos de miradas de curiosidad, repugnancia y, en última instancia, de malas intenciones.

Aquella noche, un joven desapareció durante 30 largos meses.



(A.M.)

jueves, 29 de julio de 2010

Pupilas.

Los barcos, al contrario de aquello que las grandes historias nos quieren hacer creer, suelen hundirse en lagunas tranquilas, en océanos de calma. Las proas de tan cuidada madera se quiebran, como libros que deben ser cerrados porqué así se pone punto y final a los sueños que albergan dentro y que, solo quizá, algún día vuelvan a ver la luz.
Y entonces las superficies astilladas pierden el sentido de su existencia, cayendo así en círculos concéntricos y perdiéndose en torbellinos que transportan la luz solar hasta el olvido.

Los pequeños navíos desvían el rumbo en noches de tempestad, cuando el gris del cielo invade las pupilas nostálgicas y las anega de una negrura impenetrable.


(A.M.)

lunes, 19 de julio de 2010

El pájaro preso.

Hace algún tiempo que no consigo escribir.


Era de noche en el cuarto piso de aquel edificio que hacía esquina en la gran manzana de Madrid. Sonia representaba un modelo de adolescente que había reducido las primeras experiencias de su corta vida a la soledad que despedían los viejos muros de aquella estancia. Era de noche, y Sonia dejaba volar sus sueños con un pincel fino en la mano.

Se trataba de un piso sucio, donde de cada esquina emergían hormigas e inabarcables telarañas. Sin embargo, todo disponía de un extraño orden. Lápices, bolígrafos, gomas de borrar y decenas de cuadernos se encontraban minuciosamente alineados en toda superficie de la casa; mesas, escritorios y muebles. En el baño, numerosos envases para el cuidado de la piel y del pelo ocupaban un pequeño pedestal de cristal colocado expresamente para ello. En la cocina ni rastro de platos sucios en la pica, que en cambio tenía un aspecto deplorable. Y en una pequeña sala, una única cama de matrimonio de sábanas rosadas abierta en un mínimo triángulo en la parte superior del lado derecho. Sonia dormía sola.

La mañana anterior debería haber salido a la calle, interrumpir el letargo que ya iba por el séptimo día y comprar alguna cosa que, al menos, la permitiera comer. Pero aquella chica había quedado hundida en el infierno de la indiferencia, de la monotonía y de las luces a baja intensidad. Había convertido en un habitual su recorrido entre estancias estudiando las formas de las baldosas. Y había dejado de encender las luces.

Escasos años atrás había tenido una vida de éxitos con familia y amigos, pero el miedo a actuar había acabado con ella. Sonia recordaba con especial ilusión a una chica, Teresa, con quién había logrado ir madurando y comprenderla poco a poco. Sin embargo, Sonia nunca fue capaz de compartir la fuerza y la seguridad que su amiga regalaba al mundo con sus palabras. Ella fue su última compañía, una última sombra que se perdió la noche que Teresa marchó en busca de sus sueños con unas últimas palabras en su boca.
- ¿Jamás te ha pasado que la decisión de tomar un camino ha electrizado tu cuerpo, que algo dentro de ti te ha dicho que era lo acertado? Yo parto persiguiendo los dictados de mi alma. Tú algún día también sentirás que entre todos los caminos hay uno que te llama a gritos. Ese es sin duda el correcto.
Sonia pensó que se trataba de mero y efímero idealismo adolescente.


Aquella noche el lienzo de Sonia fue pintado con los únicos colores de que disponía; blanco y negro. Mientras, un viento indeciso golpeaba las ventanas con una fuerza que dejaba paso a la calma. A las cinco de la mañana aquella adolescente sin rumbo pudo oír cómo el pájaro que había olvidado en el balcón huía en la tormenta.

viernes, 2 de julio de 2010

Cava.

.
Las copas de cava chocaron con el flamante ruido del triunfo. Los flash de cientos de cámaras cegaron los ojos, y el ruido del tumulto anuló los sentidos.
 



La realidad había quedado reducida a una mano fría, húmeda y nerviosa, tan distante como la mirada ausente que ahí soñaba, lejana y entre nubes de polvo y rayos de Sol.
Se oyó el susurro de unos ojos frotados, llenos de arena, ocupados por el ser de la melancolía, del tiempo.

Rostros deformados, gestos conocidos, sonrisas olvidadas... desfilando entre sillas. Telas rojas ardiendo en un infierno que poco a poco va acabando con su oxígeno. Quedan demonios arrastrando a niños al centro de una hoguera debilitada.

Las luces iluminan una ropa minutos antes gris, y se aprecia la canción de un dieciocho cumpleaños. El gato negro recorre la escena, pero se pierde bajo humo, y el círculo amarillo saca de su escondite a las huidizas facciones tensas.

 
 

El ácido cava estropea el suelo de madera.

.

miércoles, 23 de junio de 2010


-Te quiero.
- ¿Seguro?
- Completamente.

Los pensamientos son los dueños de nuestro cuerpo, lo utilizan y manipulan para crear sombras en las paredes que rodean nuestra cama.
He pasado unos días realmente grises, y por primera vez en mi vida he hibernado durante eternas horas bajo sábanas demasiado transparentes. En esos momentos, no hay manera de escapar de un mundo interior que te devora silenciosamente, como el gusano dentro de la manzana.
Los miedos, transformados por la misma intensidad creadora de los mejores sueños.
Las ganas de vivir, encerradas entre los muros de la soledad.
Y los sollozos llenos de rabia, los golpes ciegos contra el propio interior. La rabia, la impotencia, la distancia, el miedo a caer en pleno vuelo, el miedo a perder el derecho, la falta de memoria para los nombres...

Y la indiferencia, el pánico ante ella.

viernes, 11 de junio de 2010

Bohemia.



Un bohemio es una persona romántica, soñadora, idealista.
Una persona que vive al margen de las normas de pensamiento que rigen la sociedad, alguien a quien no le importa su estatus social, ser conocido o hallarse oculto bajo una capa invisible. Es alguien que posee una sensibilidad especial hacia las cosas bellas de la vida por más sencillas que parezcan, una persona que siente con la música, que vive cada arte.  Es alguien que disfruta enormemente con conversaciones de amigos, con la poesía y la literatura, alguien que le gusta filosofar sobre la vida.  Es quien disfruta a modo igual de cenas lujosas o veladas junto al mar. Y, quizá, es quien guarde en su instrumento su canción.





Dance, dance, dance...
while still we are young.




jueves, 27 de mayo de 2010

Hojas.



Da igual, ya no importa. Me rindo, me he cansado de intentarlo. Dejaré que el viento vuelva a esparcir las huellas de los árboles, las huellas de zapatos que con tanto trabajo he reunido en mi montón. Y en el jardín de los vecinos, hoja tras hoja todo el otoño frío.

Aunque el viento que corta y seca mis labios no acabará con mi sonrisa. Todavía no.
 

miércoles, 19 de mayo de 2010

¿Ves esa estrella que observo?
¿No?
Tienes razón, es demasiado pequeña.



Hay una bicicleta en mi calle iniciando su cuesta abajo. No ha perdido sus frenos, pero su dueño invisible no puede accionarlos, y la bicicleta baja, cada vez más rápida en dirección contraria al tiempo. Ese maldito amigo incapaz de hacer el favor de detener las ruedas, de dejar que giren ahora a tal velocidad que la gente de la acera se pegue al muro más cercano. Y es que parece que en cualquier momento pueden perder su soporte, y huír libres arrasando bajadas a su paso.
Pero ha llegado a un terreno llano, y parece que no falta ninguna de sus piezas. El dueño invisible la recoge ya una vez abajo, y prosigue su camino por la recta carretera.

Condenado por el tiempo, que brilla en sus ojos con extraña madurez.


lunes, 3 de mayo de 2010

Inestabilidad.

Las figuras de cristal observan en la estantería. Tan frágiles y tan quietas, los movimientos del hogar su rostro no alteran. Pero sus piernas, inmóviles, se desplazan con cada imperceptible movimiento de la repisa donde descansan.


Son leves sacudidas de la vida cotidiana, hipidos de crecimiento, estornudos de enfermedad, corrientes provocadas por la velocidad a la que, incorrectamente, el niño corre por el pasillo. Y las figuras avanzan y retroceden milimétricamente en su estrecho suelo, acercándose y alejándose del borde con una variabilidad atormentadora.


Frente a la pared están seguras, pero si hoy su vidrio transparente las lanza a la alfombra de la estancia, quedarán hechas añicos.

domingo, 25 de abril de 2010

365 días.

Hoy hace un año me hice la misma pregunta, sólo que aquella vez fue formulada desde otra perspectiva completamente distinta. ¿Qué ha tenido que suceder para que la sociedad se convierta en un motor capaz de cegar a los hombres?



Me explico. ¿Qué ha provocado que sea la minoría la que es capaz de pensar por ellos mismos, mientras que la mayoría se deja arrastrar, convencer y engañar? ¿Qué ha pasado para que el mundo sea manejado por los que más fuerza tienen contra ti si no les sigues, para que los que aportan algo lógico sean los “diferentes”, los “raros”? Para llegar a tal punto de ver un niño jugando sólo en el parque y pensar: tendrá que hacerse su propio camino y nadie va a ayudarle, pero llegará más alto que cualquiera de los que hoy están aquí. Qué ha pasado para que tan pocas personas seamos capaces de ver la vida como algo más que una estúpida rutina.



Y hoy nos hemos dado cuenta de que ya no somos esos eternos niños. Ninguno de los dos.

lunes, 19 de abril de 2010

Bosque.

Durante el día sólo las canciones cruzaban las paredes de su habitación. Una tras otra, invadían el aire de las casas contiguas. Su refugio escondía un espejo, frente al cual la niña bailaba como si fuera su último aliento de juventud, frente al cual cantaba, pensando siempre si algún día sonrisas y caricias la acompañarían. Con ese precioso Sol anaranjado, de verano, asomándose por la ventana. Y por las noches, sólo se filtraban tenues llantos, sofocados en su almohada.
Y ese espejo, era el único en el que la niña se miraba.
Su pelo olor a miel albergaba miles de secretos, profundos hasta alcanzar su alma, donde dolor y sufrimiento había logrado empezar a transformar. Se dejaba arrastrar por la desértica rutina, mirando el reloj de reojo en sus bailes y esperando, esperando simplemente a que avanzara. Sus piernas solo vivían en su casa, el resto del tiempo eran dirigidas sin pensar.

Esa semana no fue igual. El tiempo seguía lento, angustioso, pero quizá no lo fue tanto como a lo que sus pasos estaban acostumbrados. Logró sentirse cómoda y dejar de actuar, pudiendo ser ella misma, durante tres días seguidos. Lo que los minutos dejaron de atormentarla.

La segunda de las tardes estuvo con una amiga. Se perdieron en el bosque de sus actos y gritaron tanto como supieron. La niña no estaba acostumbrada a tantas sonrisas palpables, pero sí a dar valor en su mente a cada muestra de afecto. Las dos corrieron por el bosque.

La tercera de las tardes estuvo con una amiga. Esta vez, se perdieron en el desierto de sus pensamientos y reflexionaron tanto como pudieron. La niña no estaba acostumbrada a que se le permitiera ser entendida y entender, pero sí a apreciar enormemente poder vivir algo así. Las dos anduvieron por la hierba.

Y al quedarse sola de nuevo se le echa el mundo encima, ni ella entendiendo sus razones. Y una vez más, su cuerpo es pequeño para albergar la intensidad de su sencilla vida. Le falta una parte del alma, que estos días se ha ido llorando sin motivo.
Pues aún ese espejo es el único en el que la niña se mira, pues aún sigue esperando en sus cantos, sonrisas y caricias.

sábado, 10 de abril de 2010

Junto a ti.

No puedo darte calor,
no puedo cubrirte con mis abrazos,
no puedo envolverte con mi voz,
no estaré siempre junto a tus manos.

No podré secar con caricias tus lágrimas,
no sonreiré al oír tu risa,
no estará mi hombro siempre,
no podrás sentir mi respirar.

Cuando me marche quedarás
a solas con el mar,
mis pasos se alejarán
vez tras otra mirando atrás.

No me importa.
Aunque hoy arda mi alma,
a pesar de haber acabado
con los colores que en vano
prueban a dibujarte.

Aunque busque en las noches
tu presencia,
aún y todo desear tus caricias
y los besos prometidos
que se pierden en el viento.

Aunque llore a escondidas
en mis días de soledad,
a pesar de gastar todos mis sueños
junto a ti.
No me importa.



(Ainoa Marco de la Torre)

jueves, 1 de abril de 2010

El armario de los sueños.

La niña con miedo se ha ido de la ciudad. Decidió ser egoísta, se marchó a buscar unas huellas que sus desgastados zapatos no dejaban al andar. Se perdió entre continentes, y acabó en el mismo lugar. Un largo viaje por los hilos de sus pensamientos que tan solo cambió una pequeña parte de su ser. Giró en sus entrañas hasta desfallecer, inventó pasos de baile hasta caer y se hizo promesas hasta enloquecer. Sí, había decidido vivir sólo en su interior, en el armario de los sueños que tanto había cambiado últimamente de color. Y sí, ese color era el único cambio en ella, y seguía siendo una niña corriendo hacia la protección. Buscándola a la deriva, pero ahora sintiendo que lo hacía.


Lloraba mientras reía, con una llama ardiendo dentro de su alma, tan triste y tan feliz. Con una llama, con un cuerpo que encontraba insuficiente para dar cobijo a la fuerza que ponía en cada letra, en cada andar, en cada mirada. Nadie logró entender cómo era capaz de recordar cada gesto, cada suspiro o cada sombra que aparecía en su vida. Pero no importaba, no estaba sola y se sentía capaz de ver más que sus acompañantes en el viaje que emprendía. Por que al fin y al cabo, su camino debía llevarla a construir algo propio, y aprendió a correr en sentido contrario.


Algo único le sucedió bajo un momento de luna, tumbada por primera vez sobre el césped húmedo; miró las estrellas. Sus incesantes pensamientos se borraron. Su latir se hizo rápido. Sintió el viento en el rostro, su pelo vástago de él. El olor de la noche cerniéndose sobre ella, a sus ojos asomando un brillo deseoso por salir; y un susurro que envolvió el mundo.

Entonces, un millar de mariposas volaban a su alrededor.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Noches de susurros.

Corazón rojo,
sano y de bombeo rápido.
Late con dolor
en bruscas contracciones
intensas como son.

El interior quema,
en rayos ardientes.
Todo urge
como si nos acabáramos
este mismo descansar.

Piernas ágiles
jóvenes para correr,
que tiemblan;
inútiles a tu voz
y a la externa tranquilidad.

No permiten hablar
sin reflejo de tensión.
Leve tartamudeo
hoy logrado disimular
en los espacios de silencio.

Son noches de susurros
de tristezas a lo lejos,
remotas, escondidas
lunares de color.
Sueños de amor.

Llamadas a escondidas
de timbres que no olvidan
de secretos sin nombre
de aguas cristalinas.
Susurros absorben las noches.

Sendero entre pozos profundos
que atraen con su peligro,
son perlas en la oscuridad.
Lágrimas felices
atraviesan mi rostro.

Con siempre toque melancólico.
Observamos el abismo
sin poder retroceder.
Y lo hacemos sonriendo,
así será esta vez.

Enfermedad
en tu respiración.


(Ainoa Marco de la Torre)

viernes, 19 de marzo de 2010

14:18 h.

14:18 h. ¡¡Ha nacido mi primera prima!!

Una explosión de mi mundo, un viento que me tumba, una locura de colores, luces y sombras. Sol en la noche, estrellas en la mañana, olas que golpean el espigón con su espuma, día y noche, sin descanso y con su furia.
Sobretodo, con su furia.

El río lleva días sin desbordarse del cauce, y tampoco ha habido sequía. Tiene su cantidad de agua perfecta, que me permite levantarme y ver en ella reflejado mi rostro. Un rostro menos cansado, y mucho más feliz.
Todo va bien.
Es extraño, ¿verdad? Quiza sea cierto que, aunque tarde, siempre llega el momento en que cada uno ocupa su lugar.


15:40 h. Sacos de ilusión. Toneladas. Algo ha cambiado en tu mente, algo grande y maravilloso. Ahora vives presa de la sonrisa de mi pasado, de mi primera locura olvidada en tu mundo. Y no pienso dejarte solo. Sólo luchemos por no lanzarnos, por no herirnos, juntos, y de nuevo.

Je t'aime. No significa nada, sólo el contacto podría demostrar lo que late dentro.


"De vez en cuando la vida nos besa en la boca". Entonces, sólo cierra los ojos.

http://www.youtube.com/watch?v=5GIkw4Ij5Fk

miércoles, 17 de marzo de 2010

Dos cajas por desembalar.

Eran las diez de la noche de un viernes cualquiera, i el sofá marrón, desgastado y pequeño, quedaba hundido bajo nuestro peso. La pequeña televisión antigua no encajaba en el conjunto, situada como estaba sobre el gris reluciente del reproductor de DVD. Una delgada lámpara de pie, de luz amarilla, era la única lumbre que habíamos dejado esa noche encendida. Y detrás del sofá, quedaba la puerta que comunicaba con la realidad.
Vivíamos allí desde hacía apenas unos meses, y aún quedaban dos viejas cajas por desembalar en la habitación inservible. No recordábamos que quedaba allí, pero fuera lo que fuese, hasta ahora no lo habíamos necesitado.
Recuerdo el momento en que decidimos venir aquí. No era ningún palacio, y se acercaba a aquellas viviendas acogedoras y amarillas de las películas americanas. Allí siempre vivía una pareja que aún no había consumido la intensidad de su relación. Se trataba de una relación de esas que, según dicen, tiene reflejos de lo que fue la adolescente. Aunque yo nunca llegué a vivir esa locura.


Esa noche nos decidimos por una película tranquila, ni de acción, ni de humor, ni de miedo. Quizá podía clasificarse como romántica.
Una vez colocados frente al extraño conjunto, pensamos en acompañar con dulces y chocolates el par de horas que teníamos por delante. Entonces ella se levantó y fue hasta la cocina. Regresó al poco con un gran cuenco, lleno de papeles de colores hirientes a la vista, y volvió a sentarse en el lado izquierdo del viejo sofá. La película empezó.





Pasó una hora y media de silencio, roto únicamente por el retumbar de la voz proveniente de la absurda caja negra. Ella no hablaba y yo era incapaz de desviar la mirada hacia un punto diferente de oscuridad. Incluso creí oír a los vecinos, en el rellano, decir que no estábamos en casa.
La trama de la grabación seguía avanzando y cuando apenas debían quedar quince minutos, noté su movimiento inquieto a mi lado. Fue un movimiento brusco que me sacó de mi ensimismamiento, pero que continuó sin llevarme a mirarla a los ojos. Tenían algo que me hacía bajar los míos.


Sus manos empezaron a moverse nerviosas por su pelo, podía notarlo aunque no la observara. Ese espacio que quedaba entre nosotros fue haciéndose pequeño, y en cuestión de segundos noté su respiración en mi pecho. Estaba apoyada suavemente en mi y, entonces sí, decidí atravesar sus ojos. Esta vez fue ella quien bajó la mirada, justo antes de regresar su concentración a la pantalla.
Cuando la cinta se detuvo, su mirada perdida no logró ver el final, y mis manos se habían perdido entre su pelo.

viernes, 12 de marzo de 2010

Hoy y todo. Va desmesuradamente bien.

¡Nadie me dijo que sentirse normal pudiera llegar a ser tan fantástico! Ilusiones y sueños de secreto me llenan por completo, de pies a cabeza, me llenan la boca, día tras día, noche tras noche. Y logro caminar sin mirar al suelo. Logro mirar a los ojos a la humanidad.


Al fin un "te espero" ajeno sustituye mis "¿Me puedes esperar?". Al fin el mundo me tiende la mano en vez de obligarme a pedirla para no caer. Al fin no importa quién esté sentado a mi lado, pues ninguno se niega a mi favor.

Sólo se trata de un seguido de detalles insignificantes colocados en el orden correcto. Sólo se trata de hechos normales, en esta palabra está la clave.
Sólo es el Sol que siempre ahí ha estado y para todos, sólo es el Sol prohibido desde mi posición. Estúpido, y sin embargo, para mí lo más gratificante del mundo.
Jamás vi posible poder dar mi ayuda basada en ciertas palabras. Y menos aún vi posible acercarme a vosotros. Y lo más extraño, me sorprendo aún cuando camino recto y hablo con desconocidos sin reparo. Un mundo de cotidiano en color verde para mí. El mundo de la normalidad. Sentirse aceptado, conocido como uno más.

Eso es mi realidad.

Y mientras, en el mundo de los sueños, podría encontrarte entre las avenidas de gente en la gran ciudad. Tu sonrisa es la guardada como mía antes de la última caída. Algo ha sucedido, y las estrellas que observamos juntos brillan como no habían hecho en el último año. Sí, hace ya un año. Una atención inesperada, que sin embargo no es más que un Sol de Tormenta que en su furia puede sobre el cuerpo descargar. "Ten cuidado", me recomiendan desde mi realidad.

¿Qué tal si jugamos a que no sentimos nada? ¿Qué tal si jugamos a vivir bajo la misma luna? Vamos a manipularnos para avivar en cada chispa la llama de la ilusión.

lunes, 8 de marzo de 2010

Sobre tu hombro, y bien cerca de ti.

(...)

Convertida en luz lejana
y consejera de mis sueños,
hada madrina de mis lágrimas.
Tesorera de secretos incompletos,
vigilante de problemas
y hechicera de sonrisas.
Lento andar tranquilo de
vida de detalles sin rutina,
interés en cada curva
de mi carrera.

(...)

domingo, 7 de marzo de 2010

Contacto.

Tenía frío, demasiado, estaba congelada por dentro y por fuera. Su piel estaba ardiendo, desprendiendo calor como si esa fuera su forma de respirar. Constante y como un imán. Como el fuego que quema en la arena del desierto, como el mismo Sol.

¿Era verano, era invierno? No lo recuerdo, sólo sabía que en ese momento poco quedaba de mi antigua vida.
Mi cara entró en contacto con su piel. Y todo se redujo a un vulgar escalofrío. Miedo y ansias de continuar. Temblores.

Y anocheció.

viernes, 5 de marzo de 2010

La fuerza de un “Te quiero”.

Abandonada en el refugio de mis secretos, meditante en el incansable teatro de mi interior. Viviendo a pasos lentos, con apagadas sonrisas y llantos sin fuego.
Necesito el arder del Sol en mi piel, los pasos desorientados hacia interminables auroras e incluso el dolor, para sentirme viva. Odio acostumbrarme a la vida. Necesito intensidad, la locura incontrolable que corre, salta y consume. Aunque nada ni nadie logre hacerte gritar siempre así. Siempre.

Vivo entre paredes que se me quedan grandes, inmersa en una ciudad que resulta demasiado pequeña. Y en un mundo por el que vendería el alma al diablo si así pudiera recorrerlo, libre, y durante una eternidad.


A las afueras de la ciudad hay un gran parque de atracciones. Quizá allí pueda despertar de mi letargo. A pocos pasos de la entrada está la noria, que aunque no deja de ser una forma más de diversión, nunca me ha gustado. Gira sin descanso, avanzando una vez tras otra en su círculo obligado. Fue ideada para paseos tranquilos y vistas en las alturas, para dar por terminado un soleado día de verano de descanso y playa.
Pero no hay nada comparable a las montañas rusas. Están lejos de la entrada, rozando ya los límites con el parque de agua. A ese quizá vaya mañana.
Las emociones fuertes que éstas logran darte son mi ideal de vida. En ellas, resulta imposible acostumbrarse al cosquilleo en la barriga. A la danza interna tan desconcertantemente agradable.

Aunque, en este caso, es más común perder o romper cosas, pues es el precio a pagar por tener de nuevo entre tus manos la emoción intensa, esa simple ilusión para el resto del planeta. En mi bolsillo derecho, algo falta. Es el corazón de vidrio que en sueños tantas veces me regalaste, ¿lo recuerdas? Ha caído en una de mis carreras entre los grupos de amigos que no tienen prisa.
Al contacto con el suelo, ha quedado dividido en cegadores fragmentos. Y al hacerlo, un grito desgarrado salió de su interior, resonando entre atracciones, inaudible entre la gente. Era realmente intenso, un grito reservado a las ocasiones en que un corazón de cristal se rompe. Reservado a ocasiones especiales, en las que sólo los privilegiados pueden oír ese desgarrado “Te quiero” dedicado a ellos. Ahora, cada uno de los fragmentos me deja ver tu reflejo en su desnuda y lisa pared de cristal.


Ese día llegué a casa cansada, y una hoja y un lápiz me ayudaron a revivir.
Cómo si la música estuviera siempre al máximo volumen, y tú siempre tuvieras ganas de bailar delante del espejo. No importa el por qué, quizá por no regresar a los pensamientos tristes, quizá porqué al menos te demuestras que estás ahí y que quieres saltar y gritar.
Noches y días deberían ser así.

sábado, 27 de febrero de 2010

No será aquí y ahora.

Nunca antes el camino del parque a casa había sido tan largo. Salí de casa con ganas de comerme el mundo, superando ya aquella semana cercana y confusa. Y en apenas una hora, me atraganté con mis propias ganas de revivir. Jamás pensé que me tocaría presenciar una escena así. Algo tan surrealista que asumes que no sucede en la realidad.
Pero yo estaba en ello, metida de lleno, y me tocaba pensar rápido. Aunque en vez de eso sólo acertara a detener mi inconformista mente. La dejé inútil e inservible en un momento realmente importante.

Las ayudas pueden ser simples disfraces de amigas que te devoran, y los monstruos más temibles pueden esconder dentro una gran ayuda. Puede que me equivocara, pues sólo he querido escuchar lo que viví. Y puede que no.
Aprecio enormemente a todas y cada una de las personas que tengo a mi lado, en la silla de enfrente o al otro lado de esta pantalla. No soy fácil de enfadar, pero cuando sucede, deja que decida cuándo volver a la normalidad.

Una encerrona nunca es la mejor opción, obligar a encontrar soluciones aquí y ahora no puede de ninguna de las formas acabar bien.


¿Y sabéis qué? Por una vez en la vida quiero ser egoísta. Cederé, porqué no quedará otra salida, pero todavía no. Tengo experiencia en ceder, eso no debe preocuparos.

Horas interminables de lecciones y silencio, sin miradas a la mesa de al lado, sin palabras, sin explicaciones, sin dibujos… sin sensaciones molestas que no se solucionan y se pasan por alto. Cambia un poco la situación.
Me obliga a moverme, a cambiar mi rutina y mi grupo. Me obliga a probar un ¿qué pasaría si…? ¡Y he estado bien! Una semana, 7 días, sin conversación con mi gente de siempre. Y acercándome sin miedo a otras mesas. Y no me ha ido tan mal.
Aquel poco conocimiento de ambas que teníamos, cuando decidimos unirnos, como forma de entrar aquí. Se ha vuelto en contra… mía. Puedo entenderte y compartir. Pero buscamos cosas diferentes, y los pequeños enfados cada cierto tiempo son inevitables. No quiero cambiarte, por eso no pediré más que seas capaz de escucharme. Simplemente me alejaré lo justo de ti.

De nuevo, amigas insostenibles arrastradas en el tiempo.

lunes, 22 de febrero de 2010

Una fiesta para mi corazón.

Esta noche.
Recuperé tu imagen sin necesidad de crearla en mi mente. Tras la pausa de unos meses, tras el freno que nos impusimos a medias queriendo, tras la incertidumbre. Nos recuperamos. Quizá sólo una noche.

Sabías cómo necesitaba ambas imágenes en mi pantalla. Tú y yo, jugando con nuestras mentes en conversación de sonrisas y miradas, de luces e intensidad. Lo sabías.
La sonrisa contagiosa, y el deslumbrante rostro de felicidad. La sonrisa extremadamente contagiosa.
Y palabras de cuento, cientos de ellas. Cientos de ellas.
Devolviéndome con fuertes golpes la seguridad que por desgracia de nuevo me flaquea. Ayudándome con las tantas lágrimas desgarradas que me habían ahogado esta última semana. Lo sabías.

Lunares, olores, colores... detalles muriendo por tocar, detalles que soñamos con sonrisas de "tranquilo, un día llegará." Canciones en mi cabeza, agitación de mi cuerpo entera. Involutarias reacciones a tus palabras. Sonrisas, una tras otra, tan siceras cómo hacía tiempo que no veíamos en nuestro rostro. En ninguno de los dos. Lo necesitaba y mucho.

Cientos de ellas, en una fiesta para mi corazón.



Y sí, mi vida es una montaña rusa que sube y baja, jamás silenciosa, varias veces en mi día.

sábado, 20 de febrero de 2010

Desgarrada.

No miento, escúchame,
me duele el pecho, enormemente,
quedé encerrada en el mundo
con cientos de manos presionando
hundiendo hacia dentro mis pulmones,
por favor, créeme, ¡entiende mi gesto!

Por favor, me estoy ahogando
entre lágrimas que desperdician aire,
aire que no tengo, no sé cómo cogerlo,
lo olvidé, perdí el tronco en este río
soy arrastrada mientras me hundo,
por favor, ¡sacarme de aquí!

No puedo respirar, cógeme, bésame,
hazme así callar, quédate conmigo,
¡este sitio es muy pequeño!
No hay aire para todos mis fantasmas
y abro la boca desesperada
¡dejarme correr, permitirme gritar!

Por favor, me muevo inquieta
siento el aliento de la muerte cerca,
voy a caer el suelo, pierdo el conocimiento
mi cuerpo sigue mi alma voló
en busca de secretos enterrados,
pasé siglos sin (poder) respirar.

Créeme,
hunden hacia dentro mis pulmones.

viernes, 19 de febrero de 2010

Ilusiones.

99. El Sol de mi territorio hace tiempo
dejó de pertenecerme y se alejó de mí,
su calor se fue lejos y sembró el terror
en la oscuridad de mis huellas.

Recorriendo senderos no originales
vivo presa de tu cuerpo, atada
a tu respiración acompasada
entre saltos y naufragios.

A pregunta sobre mi dirección
no hallaré respuesta, inconscientes son
las órdenes dadas a mi cuerpo,
cómo manos liberadas de objeto inútil
para amarrar sin peligro el barco a puerto.

Declaración abierta de intenciones
de dolor tan presente, auto tortura,
por no caer al precipicio nos quedamos
observando en el comienzo del abismo.

Pero como un montañero retirado
anhelo la sensación de riesgo
que dejé esperando en mi última cima;
con todo, la vejez hizo cogerle miedo.

Anhelo la sensación de riesgo
que me llevaba lesionada durante días
es ciertamente peligroso
pero sin ello me falta tanto…
Deseo el regreso a la ilusión.

Las noches en cielo claro permiten
alcanzar románticas estrellas,
pero el Sol debe indicarme
que es hora de ser de nuevo dueña de mí.



Ainoa Marco de la Torre.

lunes, 15 de febrero de 2010

Valentine's Day


¿Sabes? Pensé en crear nuestra historia.

La canción del móvil se oyó por toda la casa, vacía y para mí, haciéndome saber desde el otro extremo que me llegaba tu llamada. No podía ser otra persona en un día cómo hoy, y tratándose de nuestra hora.

Tenía que volver a arreglarme el pelo, pues desde que me lo había secado había perdido ya su forma. Nerviosa, corrí de un lado para otro y atravesé el pasillo una y otra vez. Usé y recogí el secador, me aseguré de que mi ropa siguiera perfecta, me preparé el bolso y miré la hora una y otra vez. No quería llegar tarde. Salí de casa con manos nerviosas que a duras penas me dejaron echar la cerradura de la puerta.

Era San Valentín, e íbamos a vernos. Tenía el miedo y la ilusión de que algo especial debía pasar, los dos sentíamos con extraña fuerza. Aunque esa “energía” estuviera prohibido llamarla amor.

Todos aquellos que me vieron por la calle se detuvieron a observar mi andar. Era rápido, descontrolado, nervioso y lleno de ilusión y dudas. De esa forma, no tardé en llegar a aquel parque… que nunca hemos tenido como nuestro. Me senté en el banco dónde jamás vivimos nuestros recuerdos, a esperar.
A partir de ese instante, el concepto del tiempo ya no me iba a servir de nada, estaba dispuesta a dejar caer la noche si fuera necesario. Lo que fuera para poder abrazarte. No quería más. Sólo sentirte, tenerte… dar a mis manos y a mi cuerpo entero la oportunidad de que dejaras de ser viento, el viento huidizo entre las manos, imposible de atrapar.

El frío del final de la tarde me absorbió por completo. La ropa dejó de protegerme, la tela la atravesaba fácilmente la baja temperatura.

En esa situación esperé, tal vez demasiados minutos, tal vez horas. Sorda por el silbido del viento, cegada por las lágrimas que asomaban a mis ojos, quizá muestra de tristeza, quizá consecuencia del excesivo frío. Inmóvil e incapaz de articular sonido. Paciente.
Pero había un detalle que en mi meticuloso salir de casa había olvidado. El móvil permanecía sobre mi cama, con la llamada perdida parpadeando aún, esperando ser vista. Sólo la había oído.

(...)

"Otra historia más que llena mi vacío, con ilusiones, con ese viento imposible de atrapar. Aunque al fin y al cabo tampoco tiene demasiado sentido. Cuando sonó mi móvil ya sabía que no eras tú, habíamos acordado un tiempo para pensar. Pero decidí creerme mi mentira. Sólo fue alguien anónimo que se equivocó al marcar."

(...)

Y hoy es San Valentín. Un domingo monótono y roto por mis confusiones. Sintiendo que vivo en un caso aparte, sin nada que deba celebrarse. Pero consumiéndome en silencio.

¿Corazones de arena? Quizá algún día. Prefiero imágenes con mi música, mi piano y mis partituras, mis recuerdos… mis detalles y mis objetos con significado. De aquello que puedo ver y tocar… aquello que puede transmitirme algo al rozarlo, y rozarlo siempre que quiera. Aunque sean sólo eso, imágenes. Los pensamientos seguirán volando independientes, y empieza a preocuparme durante cuánto tiempo sus alas pueden tardar en volverse débiles. Y caer, y dejarme respirar.