A TRAVÉS DE LAS PALABRAS.

Tengo 20 años, y soy estudiante de Publicidad y Relaciones Públicas en la UAB, Barcelona.

Actualmente, experimentadora nata sobre cómo conectar arte, creatividad, comunicación, publicidad y escritura.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Noches de susurros.

Corazón rojo,
sano y de bombeo rápido.
Late con dolor
en bruscas contracciones
intensas como son.

El interior quema,
en rayos ardientes.
Todo urge
como si nos acabáramos
este mismo descansar.

Piernas ágiles
jóvenes para correr,
que tiemblan;
inútiles a tu voz
y a la externa tranquilidad.

No permiten hablar
sin reflejo de tensión.
Leve tartamudeo
hoy logrado disimular
en los espacios de silencio.

Son noches de susurros
de tristezas a lo lejos,
remotas, escondidas
lunares de color.
Sueños de amor.

Llamadas a escondidas
de timbres que no olvidan
de secretos sin nombre
de aguas cristalinas.
Susurros absorben las noches.

Sendero entre pozos profundos
que atraen con su peligro,
son perlas en la oscuridad.
Lágrimas felices
atraviesan mi rostro.

Con siempre toque melancólico.
Observamos el abismo
sin poder retroceder.
Y lo hacemos sonriendo,
así será esta vez.

Enfermedad
en tu respiración.


(Ainoa Marco de la Torre)

viernes, 19 de marzo de 2010

14:18 h.

14:18 h. ¡¡Ha nacido mi primera prima!!

Una explosión de mi mundo, un viento que me tumba, una locura de colores, luces y sombras. Sol en la noche, estrellas en la mañana, olas que golpean el espigón con su espuma, día y noche, sin descanso y con su furia.
Sobretodo, con su furia.

El río lleva días sin desbordarse del cauce, y tampoco ha habido sequía. Tiene su cantidad de agua perfecta, que me permite levantarme y ver en ella reflejado mi rostro. Un rostro menos cansado, y mucho más feliz.
Todo va bien.
Es extraño, ¿verdad? Quiza sea cierto que, aunque tarde, siempre llega el momento en que cada uno ocupa su lugar.


15:40 h. Sacos de ilusión. Toneladas. Algo ha cambiado en tu mente, algo grande y maravilloso. Ahora vives presa de la sonrisa de mi pasado, de mi primera locura olvidada en tu mundo. Y no pienso dejarte solo. Sólo luchemos por no lanzarnos, por no herirnos, juntos, y de nuevo.

Je t'aime. No significa nada, sólo el contacto podría demostrar lo que late dentro.


"De vez en cuando la vida nos besa en la boca". Entonces, sólo cierra los ojos.

http://www.youtube.com/watch?v=5GIkw4Ij5Fk

miércoles, 17 de marzo de 2010

Dos cajas por desembalar.

Eran las diez de la noche de un viernes cualquiera, i el sofá marrón, desgastado y pequeño, quedaba hundido bajo nuestro peso. La pequeña televisión antigua no encajaba en el conjunto, situada como estaba sobre el gris reluciente del reproductor de DVD. Una delgada lámpara de pie, de luz amarilla, era la única lumbre que habíamos dejado esa noche encendida. Y detrás del sofá, quedaba la puerta que comunicaba con la realidad.
Vivíamos allí desde hacía apenas unos meses, y aún quedaban dos viejas cajas por desembalar en la habitación inservible. No recordábamos que quedaba allí, pero fuera lo que fuese, hasta ahora no lo habíamos necesitado.
Recuerdo el momento en que decidimos venir aquí. No era ningún palacio, y se acercaba a aquellas viviendas acogedoras y amarillas de las películas americanas. Allí siempre vivía una pareja que aún no había consumido la intensidad de su relación. Se trataba de una relación de esas que, según dicen, tiene reflejos de lo que fue la adolescente. Aunque yo nunca llegué a vivir esa locura.


Esa noche nos decidimos por una película tranquila, ni de acción, ni de humor, ni de miedo. Quizá podía clasificarse como romántica.
Una vez colocados frente al extraño conjunto, pensamos en acompañar con dulces y chocolates el par de horas que teníamos por delante. Entonces ella se levantó y fue hasta la cocina. Regresó al poco con un gran cuenco, lleno de papeles de colores hirientes a la vista, y volvió a sentarse en el lado izquierdo del viejo sofá. La película empezó.





Pasó una hora y media de silencio, roto únicamente por el retumbar de la voz proveniente de la absurda caja negra. Ella no hablaba y yo era incapaz de desviar la mirada hacia un punto diferente de oscuridad. Incluso creí oír a los vecinos, en el rellano, decir que no estábamos en casa.
La trama de la grabación seguía avanzando y cuando apenas debían quedar quince minutos, noté su movimiento inquieto a mi lado. Fue un movimiento brusco que me sacó de mi ensimismamiento, pero que continuó sin llevarme a mirarla a los ojos. Tenían algo que me hacía bajar los míos.


Sus manos empezaron a moverse nerviosas por su pelo, podía notarlo aunque no la observara. Ese espacio que quedaba entre nosotros fue haciéndose pequeño, y en cuestión de segundos noté su respiración en mi pecho. Estaba apoyada suavemente en mi y, entonces sí, decidí atravesar sus ojos. Esta vez fue ella quien bajó la mirada, justo antes de regresar su concentración a la pantalla.
Cuando la cinta se detuvo, su mirada perdida no logró ver el final, y mis manos se habían perdido entre su pelo.

viernes, 12 de marzo de 2010

Hoy y todo. Va desmesuradamente bien.

¡Nadie me dijo que sentirse normal pudiera llegar a ser tan fantástico! Ilusiones y sueños de secreto me llenan por completo, de pies a cabeza, me llenan la boca, día tras día, noche tras noche. Y logro caminar sin mirar al suelo. Logro mirar a los ojos a la humanidad.


Al fin un "te espero" ajeno sustituye mis "¿Me puedes esperar?". Al fin el mundo me tiende la mano en vez de obligarme a pedirla para no caer. Al fin no importa quién esté sentado a mi lado, pues ninguno se niega a mi favor.

Sólo se trata de un seguido de detalles insignificantes colocados en el orden correcto. Sólo se trata de hechos normales, en esta palabra está la clave.
Sólo es el Sol que siempre ahí ha estado y para todos, sólo es el Sol prohibido desde mi posición. Estúpido, y sin embargo, para mí lo más gratificante del mundo.
Jamás vi posible poder dar mi ayuda basada en ciertas palabras. Y menos aún vi posible acercarme a vosotros. Y lo más extraño, me sorprendo aún cuando camino recto y hablo con desconocidos sin reparo. Un mundo de cotidiano en color verde para mí. El mundo de la normalidad. Sentirse aceptado, conocido como uno más.

Eso es mi realidad.

Y mientras, en el mundo de los sueños, podría encontrarte entre las avenidas de gente en la gran ciudad. Tu sonrisa es la guardada como mía antes de la última caída. Algo ha sucedido, y las estrellas que observamos juntos brillan como no habían hecho en el último año. Sí, hace ya un año. Una atención inesperada, que sin embargo no es más que un Sol de Tormenta que en su furia puede sobre el cuerpo descargar. "Ten cuidado", me recomiendan desde mi realidad.

¿Qué tal si jugamos a que no sentimos nada? ¿Qué tal si jugamos a vivir bajo la misma luna? Vamos a manipularnos para avivar en cada chispa la llama de la ilusión.

lunes, 8 de marzo de 2010

Sobre tu hombro, y bien cerca de ti.

(...)

Convertida en luz lejana
y consejera de mis sueños,
hada madrina de mis lágrimas.
Tesorera de secretos incompletos,
vigilante de problemas
y hechicera de sonrisas.
Lento andar tranquilo de
vida de detalles sin rutina,
interés en cada curva
de mi carrera.

(...)

domingo, 7 de marzo de 2010

Contacto.

Tenía frío, demasiado, estaba congelada por dentro y por fuera. Su piel estaba ardiendo, desprendiendo calor como si esa fuera su forma de respirar. Constante y como un imán. Como el fuego que quema en la arena del desierto, como el mismo Sol.

¿Era verano, era invierno? No lo recuerdo, sólo sabía que en ese momento poco quedaba de mi antigua vida.
Mi cara entró en contacto con su piel. Y todo se redujo a un vulgar escalofrío. Miedo y ansias de continuar. Temblores.

Y anocheció.

viernes, 5 de marzo de 2010

La fuerza de un “Te quiero”.

Abandonada en el refugio de mis secretos, meditante en el incansable teatro de mi interior. Viviendo a pasos lentos, con apagadas sonrisas y llantos sin fuego.
Necesito el arder del Sol en mi piel, los pasos desorientados hacia interminables auroras e incluso el dolor, para sentirme viva. Odio acostumbrarme a la vida. Necesito intensidad, la locura incontrolable que corre, salta y consume. Aunque nada ni nadie logre hacerte gritar siempre así. Siempre.

Vivo entre paredes que se me quedan grandes, inmersa en una ciudad que resulta demasiado pequeña. Y en un mundo por el que vendería el alma al diablo si así pudiera recorrerlo, libre, y durante una eternidad.


A las afueras de la ciudad hay un gran parque de atracciones. Quizá allí pueda despertar de mi letargo. A pocos pasos de la entrada está la noria, que aunque no deja de ser una forma más de diversión, nunca me ha gustado. Gira sin descanso, avanzando una vez tras otra en su círculo obligado. Fue ideada para paseos tranquilos y vistas en las alturas, para dar por terminado un soleado día de verano de descanso y playa.
Pero no hay nada comparable a las montañas rusas. Están lejos de la entrada, rozando ya los límites con el parque de agua. A ese quizá vaya mañana.
Las emociones fuertes que éstas logran darte son mi ideal de vida. En ellas, resulta imposible acostumbrarse al cosquilleo en la barriga. A la danza interna tan desconcertantemente agradable.

Aunque, en este caso, es más común perder o romper cosas, pues es el precio a pagar por tener de nuevo entre tus manos la emoción intensa, esa simple ilusión para el resto del planeta. En mi bolsillo derecho, algo falta. Es el corazón de vidrio que en sueños tantas veces me regalaste, ¿lo recuerdas? Ha caído en una de mis carreras entre los grupos de amigos que no tienen prisa.
Al contacto con el suelo, ha quedado dividido en cegadores fragmentos. Y al hacerlo, un grito desgarrado salió de su interior, resonando entre atracciones, inaudible entre la gente. Era realmente intenso, un grito reservado a las ocasiones en que un corazón de cristal se rompe. Reservado a ocasiones especiales, en las que sólo los privilegiados pueden oír ese desgarrado “Te quiero” dedicado a ellos. Ahora, cada uno de los fragmentos me deja ver tu reflejo en su desnuda y lisa pared de cristal.


Ese día llegué a casa cansada, y una hoja y un lápiz me ayudaron a revivir.
Cómo si la música estuviera siempre al máximo volumen, y tú siempre tuvieras ganas de bailar delante del espejo. No importa el por qué, quizá por no regresar a los pensamientos tristes, quizá porqué al menos te demuestras que estás ahí y que quieres saltar y gritar.
Noches y días deberían ser así.