A TRAVÉS DE LAS PALABRAS.

Tengo 20 años, y soy estudiante de Publicidad y Relaciones Públicas en la UAB, Barcelona.

Actualmente, experimentadora nata sobre cómo conectar arte, creatividad, comunicación, publicidad y escritura.

domingo, 25 de abril de 2010

365 días.

Hoy hace un año me hice la misma pregunta, sólo que aquella vez fue formulada desde otra perspectiva completamente distinta. ¿Qué ha tenido que suceder para que la sociedad se convierta en un motor capaz de cegar a los hombres?



Me explico. ¿Qué ha provocado que sea la minoría la que es capaz de pensar por ellos mismos, mientras que la mayoría se deja arrastrar, convencer y engañar? ¿Qué ha pasado para que el mundo sea manejado por los que más fuerza tienen contra ti si no les sigues, para que los que aportan algo lógico sean los “diferentes”, los “raros”? Para llegar a tal punto de ver un niño jugando sólo en el parque y pensar: tendrá que hacerse su propio camino y nadie va a ayudarle, pero llegará más alto que cualquiera de los que hoy están aquí. Qué ha pasado para que tan pocas personas seamos capaces de ver la vida como algo más que una estúpida rutina.



Y hoy nos hemos dado cuenta de que ya no somos esos eternos niños. Ninguno de los dos.

lunes, 19 de abril de 2010

Bosque.

Durante el día sólo las canciones cruzaban las paredes de su habitación. Una tras otra, invadían el aire de las casas contiguas. Su refugio escondía un espejo, frente al cual la niña bailaba como si fuera su último aliento de juventud, frente al cual cantaba, pensando siempre si algún día sonrisas y caricias la acompañarían. Con ese precioso Sol anaranjado, de verano, asomándose por la ventana. Y por las noches, sólo se filtraban tenues llantos, sofocados en su almohada.
Y ese espejo, era el único en el que la niña se miraba.
Su pelo olor a miel albergaba miles de secretos, profundos hasta alcanzar su alma, donde dolor y sufrimiento había logrado empezar a transformar. Se dejaba arrastrar por la desértica rutina, mirando el reloj de reojo en sus bailes y esperando, esperando simplemente a que avanzara. Sus piernas solo vivían en su casa, el resto del tiempo eran dirigidas sin pensar.

Esa semana no fue igual. El tiempo seguía lento, angustioso, pero quizá no lo fue tanto como a lo que sus pasos estaban acostumbrados. Logró sentirse cómoda y dejar de actuar, pudiendo ser ella misma, durante tres días seguidos. Lo que los minutos dejaron de atormentarla.

La segunda de las tardes estuvo con una amiga. Se perdieron en el bosque de sus actos y gritaron tanto como supieron. La niña no estaba acostumbrada a tantas sonrisas palpables, pero sí a dar valor en su mente a cada muestra de afecto. Las dos corrieron por el bosque.

La tercera de las tardes estuvo con una amiga. Esta vez, se perdieron en el desierto de sus pensamientos y reflexionaron tanto como pudieron. La niña no estaba acostumbrada a que se le permitiera ser entendida y entender, pero sí a apreciar enormemente poder vivir algo así. Las dos anduvieron por la hierba.

Y al quedarse sola de nuevo se le echa el mundo encima, ni ella entendiendo sus razones. Y una vez más, su cuerpo es pequeño para albergar la intensidad de su sencilla vida. Le falta una parte del alma, que estos días se ha ido llorando sin motivo.
Pues aún ese espejo es el único en el que la niña se mira, pues aún sigue esperando en sus cantos, sonrisas y caricias.

sábado, 10 de abril de 2010

Junto a ti.

No puedo darte calor,
no puedo cubrirte con mis abrazos,
no puedo envolverte con mi voz,
no estaré siempre junto a tus manos.

No podré secar con caricias tus lágrimas,
no sonreiré al oír tu risa,
no estará mi hombro siempre,
no podrás sentir mi respirar.

Cuando me marche quedarás
a solas con el mar,
mis pasos se alejarán
vez tras otra mirando atrás.

No me importa.
Aunque hoy arda mi alma,
a pesar de haber acabado
con los colores que en vano
prueban a dibujarte.

Aunque busque en las noches
tu presencia,
aún y todo desear tus caricias
y los besos prometidos
que se pierden en el viento.

Aunque llore a escondidas
en mis días de soledad,
a pesar de gastar todos mis sueños
junto a ti.
No me importa.



(Ainoa Marco de la Torre)

jueves, 1 de abril de 2010

El armario de los sueños.

La niña con miedo se ha ido de la ciudad. Decidió ser egoísta, se marchó a buscar unas huellas que sus desgastados zapatos no dejaban al andar. Se perdió entre continentes, y acabó en el mismo lugar. Un largo viaje por los hilos de sus pensamientos que tan solo cambió una pequeña parte de su ser. Giró en sus entrañas hasta desfallecer, inventó pasos de baile hasta caer y se hizo promesas hasta enloquecer. Sí, había decidido vivir sólo en su interior, en el armario de los sueños que tanto había cambiado últimamente de color. Y sí, ese color era el único cambio en ella, y seguía siendo una niña corriendo hacia la protección. Buscándola a la deriva, pero ahora sintiendo que lo hacía.


Lloraba mientras reía, con una llama ardiendo dentro de su alma, tan triste y tan feliz. Con una llama, con un cuerpo que encontraba insuficiente para dar cobijo a la fuerza que ponía en cada letra, en cada andar, en cada mirada. Nadie logró entender cómo era capaz de recordar cada gesto, cada suspiro o cada sombra que aparecía en su vida. Pero no importaba, no estaba sola y se sentía capaz de ver más que sus acompañantes en el viaje que emprendía. Por que al fin y al cabo, su camino debía llevarla a construir algo propio, y aprendió a correr en sentido contrario.


Algo único le sucedió bajo un momento de luna, tumbada por primera vez sobre el césped húmedo; miró las estrellas. Sus incesantes pensamientos se borraron. Su latir se hizo rápido. Sintió el viento en el rostro, su pelo vástago de él. El olor de la noche cerniéndose sobre ella, a sus ojos asomando un brillo deseoso por salir; y un susurro que envolvió el mundo.

Entonces, un millar de mariposas volaban a su alrededor.