A TRAVÉS DE LAS PALABRAS.

Tengo 20 años, y soy estudiante de Publicidad y Relaciones Públicas en la UAB, Barcelona.

Actualmente, experimentadora nata sobre cómo conectar arte, creatividad, comunicación, publicidad y escritura.

domingo, 22 de agosto de 2010

Repetición.

Cientos de palabras en mis labios escondiendo tan solo sentimientos repetidos. Soledad. Miedo, y frío...
Despertar una mañana cualquiera y sentirse el ser más miserable de la Tierra. Mirarse al espejo y ver que está sucio, casi tanto como tu rostro falto de ganas de desperdiciar un día más de tu existencia. Porqué vas a hacerlo, igual que has dejado atrás días y días sin ningún valor. La casa se cae a pedazos, te consumen esas paredes, y fuera de ellas tampoco tienes nada que hacer. O tal vez sí, pero lo que quiera que sea se encuentra demasiado lejos y no puedes ir andando. Te abandonas en una silla cómoda y piensas en cómo arreglar el mundo. Pero nunca vas a entender que sentada frente al segundero del reloj todo va a seguir igual.

Nunca has entendido nada, y hoy eres poco más que una alma errante. Ayer volviste a torturarte bajo las sábanas, dando más vueltas de las posibles a hechos que ni tan siquiera pertenecían a tu propia vida.
Sin embargo, conseguiste cerrar los ojos con una sonrisa, gracias a tu secreto.
Pero al despertar, sólo los labios tensos en un rostro marcado con los arañazos de tus pesadillas.

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jueves, 19 de agosto de 2010

Quiero. Deseo.

Deseo tus abrazos,
tus besos,
tus caricias.

Quiero esas manos seguras sobre mi piel, sonrisas infinitas acompañadas de lágrimas de luz, mariposas nerviosas volando de nuevo. Quiero la luna que guarda mis noches en vela, quiero las estrellas que danzan en las olas del mar. Quiero suspiros de fuego, deseo esa palma que roza la mía al otro lado del cristal.


¡Pero es un secreto!
Cuéntaselo sólo al cielo, a las olas y al viento.

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sábado, 14 de agosto de 2010

Naipes.

El castillo de naipes que está sobre la mesa del comedor acaba de venirse abajo. Ahora Clara se arrepiente de haber malgastado tantas horas en levantarlo y, además, se ha hecho daño en la rodilla con la esquina de la mesa.
Tiene tiempo de sobra hasta que se ponga el Sol, son horas y horas en que sus dedos se deslizan por las teclas del antiguo y cuidado piano de cola de su salón. La música que sale de aquellos ligeros movimientos es lenta, apagada. Toca siempre en escalas menores, sin dejarse atrapar por la luminosidad de un buen acorde mayor. Tal vez sea la tormenta eléctrica de aquella tarde, o tal vez se trata de una tristeza encubierta por la pérdida de su trabajo con las cartas.

Clara toca bien, y puede permitirse el lujo de ceder las decisiones de movimiento a sus dedos y ocupar su mente en otra tarea. Deja correr sus pensamientos. Recuerda el pasado, su infancia, su adolescencia. Siempre creyó entender porqué aquella era considerada una época de descubrimientos y de felicidad. Siempre creyó entenderlo y estar aprovechando cada segundo de esa bendita etapa. Pero se equivocó, y mucho, y ahora lo sabe. Recordando, las notas del piano se alimentan de su lento sufrimiento, absorben sus lágrimas entre escaleras de teclas blancas y negras.

Horas más tarde, en la profundidad de la noche, el gato color canela se sienta a su lado en el sofá, con la cabeza apoyada en el regazo de Clara.
- No deberías acercarte a mí. Y mucho menos darme muestras de afecto. Todos piensan que soy un monstruo egoísta y con un interior lleno de ira. Deberías huir. Te lo aconsejo.


Acto seguido, Canela se aparta de ella con un maullido de desprecio.


(A.M.)

jueves, 12 de agosto de 2010

Maldita sea, no consigue quitarse de la cabeza aquella imagen. Un coche rojo se abalanzó sobre ella mientras cruzaba la calle durante la última noche. Tuvo miedo, mucho miedo. Y ahora ese suceso la persigue, la atormenta. Aquellos chicos riéndose de ella desde la ventanilla bajada, apenas unas sombras grotescas en la velocidad de la embestida.

Su vida ha acabado, y de la peor manera posible. De día consume las uñas de sus finos dedos para calmar así su ansiedad. Su pierna derecha se encuentra siempre temblando bajo la mesa. Y su respiración se ha vuelto agitada entre sollozos tenues, constantes y nerviosos. Ya no sale a la calle, y la tristeza la está haciendo día tras día más pequeña en su pequeño caparazón.
Pero las noches son aún peores. Mientras su casa se encuentra callada, sumida en la tranquilidad que solo da el descanso, ella abre y cierra los cajones de su escritorio en busca de algo que hacer. Algo que baje la velocidad de los latidos de su corazón, que la conduzca tan imperceptible hacia el sueño como los buenos libros. Porqué hasta ellos han dejado de hacerle efecto.


Una mañana, su hermano mayor la encontró en la mesa de la cocina, con los ojos tan despiertos como inyectados en sangre, los brazos arañados de sus propias uñas mal cortadas. Llevaba dos semanas durmiendo dos horas diarias sin que nadie lo advirtiera, y aquella noche había sufrido un largo ataque de ansiedad. En silencio y a oscuras, engullendo el sufrimiento.
Al ver a su hermano, la chica se levantó en silencio de la mesa. Se dirigió al baño y se metió en la ducha. No había encendido el calentador del agua. Allí, durante 40 minutos, se frotó la piel hasta hacerse daño.

Estaba llena de una suciedad invisible a los ojos, muy distinta al rastro físico de cuando uno cae de bruces en el barro.


(A.M.)

martes, 10 de agosto de 2010

Respirando tu aire
soñando tus sueños
y quiero que sepas
que tu estas en ellos
que eres la culpable
de todos mis desvelos
quiero que comprendas
que tú eres mi anhelo.

Me paso los dias
las noches enteras
pensando en el amor
que corre por mis venas
pensando que buscaba
alguien que me quisiera
y que al fin encontré alguien
que vale la pena.

Y quiero confesarte
que mi vida eres tu
el angel de mi guarda
el que me entrega su luz
la que ilumina
el callejón sin salida
la que le ha dado
una esperanza a mi vida (x2)

Estoy aqui a la luz de la vela
escribiendo una canción
a la mujer mas bella
porque quiero que sepa
que me enamoré de ella
y la quiero llevar
conmigo hasta las estrellas.

Esa sensación que
recorre mi cuerpo
cada vez que me miras
y se detiene el tiempo
cada vez que me besas
me robas el aliento
tú eres la princesa
que me devolvió el cuento.

Y quiero confesarte
que mi vida eres tú
el angel de mi guarda
el que me entrega su luz
la que ilumina
el callejón sin salida
la que le ha dado
una esperanza a mi vida (x2)
Respirando tu aire
soñando tus sueños
quiero que sepas
que tú estas en ellos
que eres la culpable
de todos mis desvelos
quiero que comprendas
que tú eres mi anhelo.

El amor qué es
el amor qué será
el amor que sentí
por tanto tiempo y veraá
que me expresaré
segundo a segundo
antes de que por fin
se me acabe el mundo.

Y quiero confesarte
que mi vida eres tú
el angel de mi guarda
el que me entrega su luz
la que ilumina
el callejón sin salida
la que le ha dado
una esperanza a mi vida (x2)

http://www.youtube.com/watch?v=4cR7u9ZMONo&feature=related

Maldita lágrima traicionera...
El problema de la luz es que no sabe abrazar.
Y mientras, la oscuridad se va apoderando del alma, sin besos ni caricias.
El amor qué será...

domingo, 8 de agosto de 2010

Encerrada.

Necesito poner freno a mis pensamientos.
Nunca se han caracterizado por su silencio, pero han llegado demasiado lejos. Me he convertido en un cuerpo vagabundo, dominado por una fuerza leve que lo guía al caminar. Mis ojos, antes marrones, se han vuelto grises. Como sin hambre, hablo sin fuerza y soy incapaz de dormir. Quizá sea eso lo que más me molesta, al fin y al cabo. Y es que en el techo que queda sobre mi cama no hay espacio para un dibujo más, y me preocupa no saber en qué alternativa refugiarme ahora durante tantas horas de oscuridad.

Que alguien tienda sábanas blancas en mi jardín.

Fuerza.

Todas las enfermedades que hoy en día son consideradas extrañas, inexplicables, tienen algo en común. Las personas que las padecen se apagan, lentamente.
No padecen absolutamente ningún síntoma externo, ni tan siquiera las tan abundantes magulladuras en el cuerpo que suelen sufrir los pacientes terminales, sin causa aparente, debido a la mera debilidad de sus cuerpos. En estos inusuales casos no se pierden facultades mentales, e incluso he visto grandes atletas elevando copas sobre sus cabezas hasta el mismo momento de su caída.

Sin embargo, sus emociones se extinguen como el ritmo de las olas en la orilla. Silenciosas, se van retirando hasta quedar guardadas en el alma, donde nacieron años atrás, enérgicas y exuberantes, con la llegada del nuevo ser a la vida. Sus corazones laten cada segundo más despacio, aunque tardarán días, meses o incluso años en detenerse completamente. Sus voces son cada vez más leves, flojas, translúcidas. La vida que albergan esos cuerpos se va despidiendo de la luz, sin apenas darse cuenta y sin poder recuperar los gritos, las sonrisas sinceras, la fuerza.



Aunque, como digo siempre, la humanidad está ciega y yo les grito mis palabras al oído para que las vean.

Redactado por el doctor Hernández, del Hospital San Pablo, Barcelona.



(Ainoa Marco de la Torre)

sábado, 7 de agosto de 2010

(Las chispan se pierden en el viento...)

Olivia tiene sesenta y dos años. Ahora es una mujer que lleva una vida tranquila junto a su marido en una preciosa casa de campo, donde a menudo van sus hijos a verles.
Su memoria es prodigiosa, pero ella no la quiere. Todos sus recuerdos están mancillados, rotos e inservibles, tan deteriorados como aquel osito de peluche que guarda en secreto en el cajón junto a su cama. Le falta un ojo que lleva años confiando en encontrar, si más no en algún rincón de aquella casa uno de repuesto en una tienda de cosas viejas. Pero durante todos estos años, desde que a los diez lloró tres noches seguidas por la falta de compañero que la devolviera a la luz al perderse en sus pesadillas, no ha encontrado el sustituto perfecto.
Olivia recuerda el noventa por ciento de las experiencias que le ha dejado su existencia. Sin embargo, es incapaz de sentir felicidad en ninguna de ellas. En absolutamente ninguna. Nadie lo cree posible.

Quizá ella lleva toda la vida siendo muy exigente. Sí, tal vez nació creyendo que en la Tierra el Sol brillaba día y noche a máxima intensidad. Tal vez cada luna que ha visto en su vida le ha ido llenando el alma de una neutra oscuridad para la que nunca estuvo preparada.



(Ainoa Marco de la Torre)

lunes, 2 de agosto de 2010

"Mi amigo Óscar es uno de esos príncipes sin reino que corren por ahí esperando que los beses para transformarse en sapo. Lo entiende todo al revés y por eso me gusta tanto. La gente que piensa que lo entiende todo a derechas hace las cosas a izquierdas, y eso, viniendo de una zurda, lo dice todo. Me mira y se cree que no le veo. Imagina que me evaporaré si me toca y que, si no lo hace, se va a evaporar él. Me tiene en un pedestal tan alto que no sabe cómo subirse. Piensa que mis labios son la puerta del paraíso, pero no sabe que están envenenados. Yo soy tan cobarde que, por no perderle, no se lo digo. Finjo que no le veo y que sí, que me voy a evaporar...

Mi amigo Óscar es uno de esos príncipes que harían bien manteniéndose alejados de los cuentos y de las princesas que los habitan. No sabe que es el príncipe azul quien tiene que besar a la bella durmiente para que despierte de su sueño eterno, pero eso es porque Óscar ignora que todos los cuentos son mentiras, aunque no todas las mentiras son cuentos. Los príncipes no son azules y las durmientes, aunque sean bellas, nunca despiertan de su sueño. Es el mejor amigo que nunca he tenido y, si algún día me tropiezo con Merlín, le daré las gracias por haberlo cruzado en mi camino."


("Marina", Carlos Ruiz Zafón)