A TRAVÉS DE LAS PALABRAS.

Tengo 20 años, y soy estudiante de Publicidad y Relaciones Públicas en la UAB, Barcelona.

Actualmente, experimentadora nata sobre cómo conectar arte, creatividad, comunicación, publicidad y escritura.

jueves, 21 de julio de 2011

Cero.

Y lloré lágrimas de hielo. El corazón abierto, vacío. La barriga devorándose ella misma de tanta hambre. Ni un solo copo de ilusión en el aire.

La mente en blanco, conjeturando quizá un sinfín de palabras hirientes. El puñal en el pecho, donde no duele. La nada; un precipicio. El llanto del bebé ensordeciendo a lo lejos.

El silencio dentro de mí. El no decir, el no sentir en absoluto. El haberse muerto la raíz del diente.

domingo, 3 de julio de 2011

Su ataque de ira

Esperaba a que cayeran ranas del cielo. Así era más fácil, ¿verdad? Así era jodidamente fácil. Echarle la culpa de su vejez a los demás, a ese estúpido mundo que la oprimía y que no se esforzaba por entenderla; permanecer sentada en ese sofá desvencijado esperando que el teléfono sonara o que llamaran a la puerta del viejo rellano. El calor se acumulaba dentro de su piso. Olía a calor, a carne reposada, a silencio y a pájaros que han muerto asfixiados. Claramente, apestaba. La consideraban una mindundi, una sin nombre, una mujer débil y recluida. Claro que lo era, el mundo la había apartado de las calles, de las carreteras y de todo lo que se movía. Se habían acabado los días y las noches, todo era uno bajo las luces amarillentas de su sala de estar.

El mundo, ¿verdad? Estúpida, más que estúpida, un día despertaste muerta y nadie aún se ha dado cuenta. Los periódicos se acumulan en la gris mesita del té, ni una esquela, ni una mención; nadie te ha echado en falta durante todos estos años. A veces lloras, en esas tardes enteras que pasas observando el ruido del mundo desde la ventana de tu ático, con los ojos apagados tras el cristal lleno de dedos y de mugre. Sigue así, muy bien, sigue esperando al príncipe azul, al vestido perfecto, a la cena de gala, a la noche en la playa, al grupo de amigos, a los viajes por mil países, a las sonrisas, a las verdades… No vas a tener nunca nada.