A TRAVÉS DE LAS PALABRAS.

Tengo 20 años, y soy estudiante de Publicidad y Relaciones Públicas en la UAB, Barcelona.

Actualmente, experimentadora nata sobre cómo conectar arte, creatividad, comunicación, publicidad y escritura.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Posos de una mujer

Pocos en este café serían capaces de sostenerle la mirada a la mujer firme y de ojos grandes sentada frente a la ventana, en una de esas pequeñas mesas cuadradas donde los interlocutores se observan de cerca. Sin embargo, la suya es una velada individual.
El juego de luces del lugar, proporcionado por ocasionales lámparas colgantes de luz tenue y amarilla, le confieren un aspecto de dama misteriosa; quizá, de mujer huída de otra época.

Los finos dedos de sus manos juguetean con el pie de una copa de fino cristal. No muy lejos, aquel hombre de la barra queda atrapado en una danza hipnótica de uñas rojas y largamente cuidadas.
Ella toma la copa y la acerca a sus labios color carmín. La sujeta ahí un momento antes de decidirse a vaciarla del espeso vino añejo hasta algo menos de la mitad. Devuelve lentamente la copa hasta su lugar frente a ella mientras, lentamente, saborea su triunfo.
Al terminar, su bello rostro se tuerce en un rápido gesto de labios tensos y entrecejo ligeramente fruncido.

Mujer caprichosa donde las haya, su juego consiste en exprimir a los hombres hasta que ellos no pueden ofrecerle nada más. Se exhibe, sonríe y juega con los juegos de palabras con una habilidad sorprendente. Ha entrado en el café acompañada de decenas de levantar de miradas de hombres solitarios; al instante, les ha devuelto a su silencio con una única llamarada directa a sus ojos.
Y ahora se levanta, separándose de la oscuridad de su mesa y dejándose ver. Un par de sombras al fondo, ocultas, se agitan nerviosas ante el rojo de sus tacones y ante la delicadeza de sus piernas. Ella levanta la cabeza y ellos la bajan de nuevo.
La mujer atraviesa la puerta del café acompañada sólo por los tristes violines del hilo musical. Así, se dirige hacia una calle empedrada y sumida en la humedad de la noche, donde de vez en cuando un coche con prisas rompe la quietud.

(A.M.)