A TRAVÉS DE LAS PALABRAS.

Tengo 20 años, y soy estudiante de Publicidad y Relaciones Públicas en la UAB, Barcelona.

Actualmente, experimentadora nata sobre cómo conectar arte, creatividad, comunicación, publicidad y escritura.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Flujo de conciencia

Espinas, sangre, dolor, gotas que resbalan por el cuerpo, alma que se parte en dos. Desaparecen las imágenes que no son imágenes, la imaginación, maltratada, desangrada, atacada de muerte. Y las heridas se abren en carne viva, y el fuego arde cerca del cuerpo, y mente y cuerpo como espinas una en otra que se clavan profundas que retuercen el estómago.
Y los ojos que escuecen que pican con alcohol que los atraviesa y no ve nada siempre había visto y no nunca había sido real. Sangre que cae, sangre que es vida hoy no queda duele y arde y se congela y tiene frío en esas estúpidas manos que jugaron a soñar. Todo perdido todo dañado no queda nada en el desierto lágrimas rojas polvo traído por el viento y clavos y golpes y vacío. Sombras del Sol persiguiendo mis pasos sin llevarme a ningún sitio que quieren huir que no encuentran sitio suficientemente tranquilo que en el ruido la salvación hallan por segundos.
Y repetición y gritos despedazados y dientes que duelen y manos que crujen y manos que manos qué estúpidas son. Mente que recuerda que no olvida que quiere que ama y se retuerce en la cama, que engulle la almohada ahoga la garganta y gritos y más gritos y sangre y espinas y dolor.
Y túnel que no es túnel que no existe que no hay salida no hay puerta sólo yo y ella maldita sea huir de aquí escapar que más amor no quiero fuera vete no me mires no recuerdes no hay nada que sentir. No hay que sentir no hay nada que sentir nunca sentí jamás pensé que quizá yo pudiera ser feliz fuera fuera el pensamiento no lo necesito todo para ti. Aléjate rápido que el viento te lleva, que borra el recuerdo.

Sólo tu y yo lo que hemos sentido; has querido has provocado me he arrastrado que murió sin morir. Que la voz me mata que no queda nada vete vete así de la mente por favor, que vuelvas sólo si la historia ya no la quieres que va a cambiar.


(A.M.)

viernes, 3 de diciembre de 2010

I




Hoy, será Irene quién se coma al mundo, aunque no pierda jamás la costumbre de vivir con un compás de retraso. Con su mochila bien cargada el camino hasta el instituto se hace eterno, y para colmo su pelo parece empeñado en enredarse en el fuerte viento de otoño. Cientos de hojas en el suelo; un día va a caerse. Irene atraviesa la alfombra, convencida de que ha sido puesta expresamente para retrasar aún más su llegada. Entonces siente en sus pies e, inmediatamente, en sus oídos, el crujir de las hojas secas bajo una pisada. Le llega el olor del frío, mezclado con el de los árboles que se desnudan sin pudor ante la vista de todos. Piensa que a la hora del descanso irá a la calle que da directamente al cielo abierto de la autopista, una calle solitaria, donde las estaciones juegan con el pelo y con los sentimientos de amor.


(Ainoa Marco de la Torre)