A TRAVÉS DE LAS PALABRAS.

Tengo 20 años, y soy estudiante de Publicidad y Relaciones Públicas en la UAB, Barcelona.

Actualmente, experimentadora nata sobre cómo conectar arte, creatividad, comunicación, publicidad y escritura.

sábado, 30 de enero de 2010

Que el mundo se acostumbre desde ya mismo a que yo tome mis propias decisiones. Que sea asumido de una vez que cada respirar es mío, pues no hay nadie detrás ayudándome a llenar de aire, una vez tras otra, mis pulmones. Que se entienda mi deseo de dejar de ser la débil y escondida, la necesidad de ir haciendo mis cambios para acercarme a la tan escurridiza seguridad. Que ya voy tarde aunque no me importe que, aunque muy lentamente, voy a luchar por el morir de mis miedos.
El movimiento ha empezado y sólo yo misma pueda decidir parar.

martes, 26 de enero de 2010

Extrañas mañanas.

Son ideados opacos fantasmas volátiles
en mi mente cortando el aire con su agradable hedor,
quedan dibujados en arena ilógicos esquemas,
crueles sólo a mí mostrando imágenes del dolor,
ya la pelea conmigo misma se declina a tu favor.

Sombras y luces tras las cuales tu nombre se esconde,
agazapado y preparado para atacarme aquí,
la nube de lluvia, de mañana, absorbe mis suspiros,
que se reúnen sin consuelo junto a la escucha de tu voz,
pues palabra jamás ideada mis labios rozó.

El espacio ya a cualquier precio debe completarse
a fin de inútiles gotas perder el miedo a no controlar,
al suelo caen de todo un año mis viejos papeles
inservibles bajo el agua con la que todo y nada dejarás.
Oigo tu voz, te imagino. Y (sin entenderlo) quiero más.



Ainoa Marco de la Torre

sábado, 23 de enero de 2010

Voy absorbiendo cada una de tus frases, buscando a cada palabra todos los significados que pueda tener. Pero aún y así, son frases incompletas, que siguen sin dejarme aclarar qué pasa por tu cabeza. Esto es una locura...

domingo, 17 de enero de 2010

Esto es una locura.

Creía haber reordenado mi vida, pero no puedo librarme de esta maldita inestabilidad. Tres días, durante tres días el mundo pareció brillar con colores mucho más claros. Buscaste sonrisas y te di todas las que tenía. Encontré la oportunidad perfecta para dártelo todo. Parecía que nuestras conversaciones olvidaban aquel capítulo, aquel húmedo día en que tú prometiste y yo acepté, ir con más cuidado, los minutos en que tus palabras se clavaron en mí confirmándome lo que nunca había querido sentir. Parecía que de repente no había miedo, ni una barrera de respeto cuidadoso, nada que nos alejara de hablar desde el más puramente nosotros mismos. Me devolviste con sonrisas todas las lágrimas derramadas en los últimos días.
Pero está visto que esto siempre va a ser así. Cortas temporadas de locura desmesurada, de miles de sueños y sonrisas al Sol, cortas temporadas de lágrimas en cada pensamiento, de abrazos que no pueden alargarse si no quieren derrumbarme. Y me coges, y me lanzas, y sufro, y sonrío. Y sigo sin saber si realmente tengo motivos para mantener todos y cada uno de mis pensamientos, sigo sin saber si como mínimo intuyes todo lo que segundo tras segundo pasa por mi cabeza, si al menos te importa. Pero preguntártelo claramente no lo veo una solución. Así que los días siguen pasando, horas y horas de soledad interior en que solo estás tú, en que mi día a día no me sirve de nada si no te tengo. Y sigo deseando hablar contigo, como si fuera no se hubiera ido otro día más el Sol.
Me asusta depender tanto de ti, depender hasta tal punto que un simple juego me suponga un riesgo. Que todo penda tanto de un hilo frágil y que no puedo coger. Que mis sonrisas sean soñadas, que acabe siempre abrazando al aire. Que al explicar mis sueños acabe pareciendo una imbécil viviendo del aire, haciéndose ilusiones que al poco la hacen sangrar. Me asusta el haberte hecho tan importante, el que todos los que me rodean conozcan de tu existencia. El saber que tú no lo vives igual, el que no cuentas a tus amigos lo especial que hoy ha sido. El que ni siquiera te ha llegado a parecer especial. El que mientras escribo me pregunto si lo leerás.
Me he ido hundiendo poco a poco y ahora estoy sin salida, en una absurda espiral de risas y llantos en que solo existes tú. Sin salida. Una y otra vez, bien y mal y de nuevo bien. Deseo verte, oírte, hablarte… ¿cuánto hace que no nos vemos? Mucho, hace mucho. Pero todo esto parece hacerse mil veces más grande y doloroso con solo una imagen, que he acabado por querer no desear. ¿Cómo soluciono esto? Morir por cualquier cosa que nos acerque… mientras corro para alejarme de nuevo.