A TRAVÉS DE LAS PALABRAS.

Tengo 20 años, y soy estudiante de Publicidad y Relaciones Públicas en la UAB, Barcelona.

Actualmente, experimentadora nata sobre cómo conectar arte, creatividad, comunicación, publicidad y escritura.

martes, 19 de abril de 2011

Ya soy mayor de edad. Crezco y crezco, igual que tú, que ella, que aquel. Paso mis horas dentro de la jaula de cristal, o corriendo por la calle. Cada día sin llaves es una tortura, son horas en que me hago vieja demasiado rápido. Mis piernas dejan de ser fuertes, mis ojos dejan de tener ese algo, mi cuerpo deja de ser flexible y rápido. No. Quemé demasiadas vidas tiempo atrás, y lo último que quiero es estar sola.



Creo que llega un momento en que puedes entretenerte en desmenuzar las diferentes partes de tu recorrido; algo realmente sencillo a estas edades, con cambios en los estudios y cambios de colegio. De esta forma, mi última etapa se consideraría de dos años, un tiempo en el que me he vuelto del revés tres, cuatro, cinco veces. Me atrevería a decir que se ha creado el 75% de mi personalidad definitiva, y es que cuando llegué estaba encallada, dormida; parada. Poco a poco empiezo a andar.
Son el bendito Sol y el tiempo libre el preludio que suena al levantar el pie del penúltimo escalón del edificio. Al fin y al cabo, creo que aquí ya no puedo conseguir nada nuevo, toca cambiar. No espero echar demasiado de menos la gran cantidad de voces y sonidos, no son más que una parte de lo que serán mis recuerdos. Y me encargo de llevarme, de entre todo, lo que más me interesa. Como ya hice una vez.

Además, ahora tengo algo nuevo; unas bambas desgastadas. He aprendido a sonreír mucho cuando las llevo puestas, y he logrado sentirme parte de algo. ¿No es este uno de mis objetivos? Por supuesto que lo es, poco a poco se van revelando las cosas que persigo. Y así los miedos se apartan para quedarse observando cómo aprendo a ser feliz; cuando bailo acompañada frente a unos niños sorprendidos, bajo el Sol y el viento. Va a darme un ataque de risa y nadie va a poder conseguir que deje de saltar como una niña que está aprendiendo a caminar.

Inocente, pequeña; como me gusta ser, con un estado de ánimo verdaderamente frágil y mil pájaros en la cabeza. Me haré más fuerte mientras juego a las princesas. Sigo despertando con ganas de querer, con ganas de que me quieran, de que me lleguen besos, de que me lleguen abrazos. Quiero seguir hablando de lo de siempre pero con palabras diferentes, aunque a veces hablo demasiado y empiezo a ser una copia horrorosa, sí, horrorosa, por fea que sea esa palabra.


Que se abra el telón mientras me colocan la corona.

(A.M.)