A TRAVÉS DE LAS PALABRAS.

Tengo 20 años, y soy estudiante de Publicidad y Relaciones Públicas en la UAB, Barcelona.

Actualmente, experimentadora nata sobre cómo conectar arte, creatividad, comunicación, publicidad y escritura.

sábado, 27 de febrero de 2010

No será aquí y ahora.

Nunca antes el camino del parque a casa había sido tan largo. Salí de casa con ganas de comerme el mundo, superando ya aquella semana cercana y confusa. Y en apenas una hora, me atraganté con mis propias ganas de revivir. Jamás pensé que me tocaría presenciar una escena así. Algo tan surrealista que asumes que no sucede en la realidad.
Pero yo estaba en ello, metida de lleno, y me tocaba pensar rápido. Aunque en vez de eso sólo acertara a detener mi inconformista mente. La dejé inútil e inservible en un momento realmente importante.

Las ayudas pueden ser simples disfraces de amigas que te devoran, y los monstruos más temibles pueden esconder dentro una gran ayuda. Puede que me equivocara, pues sólo he querido escuchar lo que viví. Y puede que no.
Aprecio enormemente a todas y cada una de las personas que tengo a mi lado, en la silla de enfrente o al otro lado de esta pantalla. No soy fácil de enfadar, pero cuando sucede, deja que decida cuándo volver a la normalidad.

Una encerrona nunca es la mejor opción, obligar a encontrar soluciones aquí y ahora no puede de ninguna de las formas acabar bien.


¿Y sabéis qué? Por una vez en la vida quiero ser egoísta. Cederé, porqué no quedará otra salida, pero todavía no. Tengo experiencia en ceder, eso no debe preocuparos.

Horas interminables de lecciones y silencio, sin miradas a la mesa de al lado, sin palabras, sin explicaciones, sin dibujos… sin sensaciones molestas que no se solucionan y se pasan por alto. Cambia un poco la situación.
Me obliga a moverme, a cambiar mi rutina y mi grupo. Me obliga a probar un ¿qué pasaría si…? ¡Y he estado bien! Una semana, 7 días, sin conversación con mi gente de siempre. Y acercándome sin miedo a otras mesas. Y no me ha ido tan mal.
Aquel poco conocimiento de ambas que teníamos, cuando decidimos unirnos, como forma de entrar aquí. Se ha vuelto en contra… mía. Puedo entenderte y compartir. Pero buscamos cosas diferentes, y los pequeños enfados cada cierto tiempo son inevitables. No quiero cambiarte, por eso no pediré más que seas capaz de escucharme. Simplemente me alejaré lo justo de ti.

De nuevo, amigas insostenibles arrastradas en el tiempo.

lunes, 22 de febrero de 2010

Una fiesta para mi corazón.

Esta noche.
Recuperé tu imagen sin necesidad de crearla en mi mente. Tras la pausa de unos meses, tras el freno que nos impusimos a medias queriendo, tras la incertidumbre. Nos recuperamos. Quizá sólo una noche.

Sabías cómo necesitaba ambas imágenes en mi pantalla. Tú y yo, jugando con nuestras mentes en conversación de sonrisas y miradas, de luces e intensidad. Lo sabías.
La sonrisa contagiosa, y el deslumbrante rostro de felicidad. La sonrisa extremadamente contagiosa.
Y palabras de cuento, cientos de ellas. Cientos de ellas.
Devolviéndome con fuertes golpes la seguridad que por desgracia de nuevo me flaquea. Ayudándome con las tantas lágrimas desgarradas que me habían ahogado esta última semana. Lo sabías.

Lunares, olores, colores... detalles muriendo por tocar, detalles que soñamos con sonrisas de "tranquilo, un día llegará." Canciones en mi cabeza, agitación de mi cuerpo entera. Involutarias reacciones a tus palabras. Sonrisas, una tras otra, tan siceras cómo hacía tiempo que no veíamos en nuestro rostro. En ninguno de los dos. Lo necesitaba y mucho.

Cientos de ellas, en una fiesta para mi corazón.



Y sí, mi vida es una montaña rusa que sube y baja, jamás silenciosa, varias veces en mi día.

sábado, 20 de febrero de 2010

Desgarrada.

No miento, escúchame,
me duele el pecho, enormemente,
quedé encerrada en el mundo
con cientos de manos presionando
hundiendo hacia dentro mis pulmones,
por favor, créeme, ¡entiende mi gesto!

Por favor, me estoy ahogando
entre lágrimas que desperdician aire,
aire que no tengo, no sé cómo cogerlo,
lo olvidé, perdí el tronco en este río
soy arrastrada mientras me hundo,
por favor, ¡sacarme de aquí!

No puedo respirar, cógeme, bésame,
hazme así callar, quédate conmigo,
¡este sitio es muy pequeño!
No hay aire para todos mis fantasmas
y abro la boca desesperada
¡dejarme correr, permitirme gritar!

Por favor, me muevo inquieta
siento el aliento de la muerte cerca,
voy a caer el suelo, pierdo el conocimiento
mi cuerpo sigue mi alma voló
en busca de secretos enterrados,
pasé siglos sin (poder) respirar.

Créeme,
hunden hacia dentro mis pulmones.

viernes, 19 de febrero de 2010

Ilusiones.

99. El Sol de mi territorio hace tiempo
dejó de pertenecerme y se alejó de mí,
su calor se fue lejos y sembró el terror
en la oscuridad de mis huellas.

Recorriendo senderos no originales
vivo presa de tu cuerpo, atada
a tu respiración acompasada
entre saltos y naufragios.

A pregunta sobre mi dirección
no hallaré respuesta, inconscientes son
las órdenes dadas a mi cuerpo,
cómo manos liberadas de objeto inútil
para amarrar sin peligro el barco a puerto.

Declaración abierta de intenciones
de dolor tan presente, auto tortura,
por no caer al precipicio nos quedamos
observando en el comienzo del abismo.

Pero como un montañero retirado
anhelo la sensación de riesgo
que dejé esperando en mi última cima;
con todo, la vejez hizo cogerle miedo.

Anhelo la sensación de riesgo
que me llevaba lesionada durante días
es ciertamente peligroso
pero sin ello me falta tanto…
Deseo el regreso a la ilusión.

Las noches en cielo claro permiten
alcanzar románticas estrellas,
pero el Sol debe indicarme
que es hora de ser de nuevo dueña de mí.



Ainoa Marco de la Torre.

lunes, 15 de febrero de 2010

Valentine's Day


¿Sabes? Pensé en crear nuestra historia.

La canción del móvil se oyó por toda la casa, vacía y para mí, haciéndome saber desde el otro extremo que me llegaba tu llamada. No podía ser otra persona en un día cómo hoy, y tratándose de nuestra hora.

Tenía que volver a arreglarme el pelo, pues desde que me lo había secado había perdido ya su forma. Nerviosa, corrí de un lado para otro y atravesé el pasillo una y otra vez. Usé y recogí el secador, me aseguré de que mi ropa siguiera perfecta, me preparé el bolso y miré la hora una y otra vez. No quería llegar tarde. Salí de casa con manos nerviosas que a duras penas me dejaron echar la cerradura de la puerta.

Era San Valentín, e íbamos a vernos. Tenía el miedo y la ilusión de que algo especial debía pasar, los dos sentíamos con extraña fuerza. Aunque esa “energía” estuviera prohibido llamarla amor.

Todos aquellos que me vieron por la calle se detuvieron a observar mi andar. Era rápido, descontrolado, nervioso y lleno de ilusión y dudas. De esa forma, no tardé en llegar a aquel parque… que nunca hemos tenido como nuestro. Me senté en el banco dónde jamás vivimos nuestros recuerdos, a esperar.
A partir de ese instante, el concepto del tiempo ya no me iba a servir de nada, estaba dispuesta a dejar caer la noche si fuera necesario. Lo que fuera para poder abrazarte. No quería más. Sólo sentirte, tenerte… dar a mis manos y a mi cuerpo entero la oportunidad de que dejaras de ser viento, el viento huidizo entre las manos, imposible de atrapar.

El frío del final de la tarde me absorbió por completo. La ropa dejó de protegerme, la tela la atravesaba fácilmente la baja temperatura.

En esa situación esperé, tal vez demasiados minutos, tal vez horas. Sorda por el silbido del viento, cegada por las lágrimas que asomaban a mis ojos, quizá muestra de tristeza, quizá consecuencia del excesivo frío. Inmóvil e incapaz de articular sonido. Paciente.
Pero había un detalle que en mi meticuloso salir de casa había olvidado. El móvil permanecía sobre mi cama, con la llamada perdida parpadeando aún, esperando ser vista. Sólo la había oído.

(...)

"Otra historia más que llena mi vacío, con ilusiones, con ese viento imposible de atrapar. Aunque al fin y al cabo tampoco tiene demasiado sentido. Cuando sonó mi móvil ya sabía que no eras tú, habíamos acordado un tiempo para pensar. Pero decidí creerme mi mentira. Sólo fue alguien anónimo que se equivocó al marcar."

(...)

Y hoy es San Valentín. Un domingo monótono y roto por mis confusiones. Sintiendo que vivo en un caso aparte, sin nada que deba celebrarse. Pero consumiéndome en silencio.

¿Corazones de arena? Quizá algún día. Prefiero imágenes con mi música, mi piano y mis partituras, mis recuerdos… mis detalles y mis objetos con significado. De aquello que puedo ver y tocar… aquello que puede transmitirme algo al rozarlo, y rozarlo siempre que quiera. Aunque sean sólo eso, imágenes. Los pensamientos seguirán volando independientes, y empieza a preocuparme durante cuánto tiempo sus alas pueden tardar en volverse débiles. Y caer, y dejarme respirar.


viernes, 12 de febrero de 2010

No puedo preguntarte directamente todas las dudas que me invaden.

No entiendo porqué sigo con esto... Tengo miles de dudas, momentos en que juraría que quieres olvidarme, horas en que ni tan siquiera estoy entre la lista de personas que se merecen hablar contigo cuando, escondido, estás detrás de esta pantalla. No me mientas, no me digas que esas frases son por mí, no me digas que todo es mío. No me hagas creerlo. ¿Me utilizas? Quizá. Llevo tiempo investigando esa posibilidad. Estás muy lejos y tienes tu propia vida, no me digas que estoy en ella si te rodean otras chicas, y tus suspiros son sólo por y para ellas. No me regales flores que no puedes pagar. Sólo quiero la verdad y no me importa la que sea, pero para ya esta sensación de sentirme utilizada... por no sé ya cuál vez en mi vida.

Llegamos a estar mal por insinuarte mi desconfianza. Y tus palabras fueron rápidas: Pregunta y te contestaré sin indirectas, segundos significados ni espacios en blanco. Lo intenté, pero no conseguí más que alimentar el fuego de mis dudas.

¿Entonces? No puedo condenarnos a las horas de conversaciones con preguntas que no acaban, una tras otra, preguntas quizá para ti absurdas pero que en mí no crean más que incertidumbre y dolor. Sencillamente, no puedo llevarte a resolver todos mis pensamientos sin que eso comporte el perdernos.

sábado, 6 de febrero de 2010



Mi mirada expresa miedo, cansancio ya de este juego. He dejado ver todas mis cartas, y vivo presa de la incertidumbre de tus falsas señales.



Tal vez soy muy cobarde, nunca he querido arriesgarme a enfadarme con la gente. Siempre midiendo mis palabras, tranformando mis sentimientos para adaptarlos a los vuestros. Arrastrándome... ya lo sé. Pero aunque soy una persona nueva, no puedo dejar de necesitar mi pasado, vivo presa de él. Soy incapaz de separarme de todo aquello que en momentos más o menos recientes me ha aportado algo. Y así voy arrastrando en el tiempo a amigos y amores que simplemente son insostenibles.