A TRAVÉS DE LAS PALABRAS.

Tengo 20 años, y soy estudiante de Publicidad y Relaciones Públicas en la UAB, Barcelona.

Actualmente, experimentadora nata sobre cómo conectar arte, creatividad, comunicación, publicidad y escritura.

jueves, 27 de mayo de 2010

Hojas.



Da igual, ya no importa. Me rindo, me he cansado de intentarlo. Dejaré que el viento vuelva a esparcir las huellas de los árboles, las huellas de zapatos que con tanto trabajo he reunido en mi montón. Y en el jardín de los vecinos, hoja tras hoja todo el otoño frío.

Aunque el viento que corta y seca mis labios no acabará con mi sonrisa. Todavía no.
 

miércoles, 19 de mayo de 2010

¿Ves esa estrella que observo?
¿No?
Tienes razón, es demasiado pequeña.



Hay una bicicleta en mi calle iniciando su cuesta abajo. No ha perdido sus frenos, pero su dueño invisible no puede accionarlos, y la bicicleta baja, cada vez más rápida en dirección contraria al tiempo. Ese maldito amigo incapaz de hacer el favor de detener las ruedas, de dejar que giren ahora a tal velocidad que la gente de la acera se pegue al muro más cercano. Y es que parece que en cualquier momento pueden perder su soporte, y huír libres arrasando bajadas a su paso.
Pero ha llegado a un terreno llano, y parece que no falta ninguna de sus piezas. El dueño invisible la recoge ya una vez abajo, y prosigue su camino por la recta carretera.

Condenado por el tiempo, que brilla en sus ojos con extraña madurez.


lunes, 3 de mayo de 2010

Inestabilidad.

Las figuras de cristal observan en la estantería. Tan frágiles y tan quietas, los movimientos del hogar su rostro no alteran. Pero sus piernas, inmóviles, se desplazan con cada imperceptible movimiento de la repisa donde descansan.


Son leves sacudidas de la vida cotidiana, hipidos de crecimiento, estornudos de enfermedad, corrientes provocadas por la velocidad a la que, incorrectamente, el niño corre por el pasillo. Y las figuras avanzan y retroceden milimétricamente en su estrecho suelo, acercándose y alejándose del borde con una variabilidad atormentadora.


Frente a la pared están seguras, pero si hoy su vidrio transparente las lanza a la alfombra de la estancia, quedarán hechas añicos.