A TRAVÉS DE LAS PALABRAS.

Tengo 20 años, y soy estudiante de Publicidad y Relaciones Públicas en la UAB, Barcelona.

Actualmente, experimentadora nata sobre cómo conectar arte, creatividad, comunicación, publicidad y escritura.

domingo, 2 de enero de 2011

Supongo que me toca decir... Feliz Año Nuevo a todos.

Es fácil perder algo antes siquiera de llegar a tocarlo. Entonces sólo queda la dichosa imaginación. ¿Y sabes qué es lo que me supone un mayor dolor? Que así no puedo enseñarte todo lo que voy aprendiendo. Y cuando pueda hacerlo habrá demasiado acumulado, demasiadas cosas de que hablar, demasiados detalles que mostrar, y no habrá tiempo. Porqué, ¿sabes? Quiero enseñarte algo.


Finjo estar bien, pero en el silencio me consumo por dentro. Y es que la juventud acaba donde empieza la soledad. Tantos planes... tantos sueños. Se esfumaron de un día para otro, con un mazo golpeando el denso aire, insistente y a la vez demasiado fugaz, rápido. Nadie tiene en cuenta que yo NO quiero pasar página, que toda esta historia me duele y me quema de una forma exagerada.
¿Navidad, Nochevieja, Fin de Año? No son más que estupideces. Consumismo y una falsa idea de amor y reunión con los seres queridos. Pero siempre, siempre, falta gente, y a veces incluso los que están se odian tanto entre ellos y a ellos mismos que no soportan las sonrisas y las largas veladas obligadas por una absurda convención social.

Al margen de todo esto, necesito un poco más de aire para vivir. He llegado al punto culminante de mi rechazo por los horarios y por las estúpidas reglas sobre lo que se considera correcto y lo que no. Tengo mi propia opinión acerca de todo lo que es susceptible de ello, y no me importa si ésta no siempre es compartida. En las escasas ocasiones que se me presentan, no voy a dejar de respirar a las cinco para poder garantizarme el oxígeno a las seis.
A pesar de todo, voy a seguir regodeándome en una imagen miserable y decadente.

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