A TRAVÉS DE LAS PALABRAS.

Tengo 20 años, y soy estudiante de Publicidad y Relaciones Públicas en la UAB, Barcelona.

Actualmente, experimentadora nata sobre cómo conectar arte, creatividad, comunicación, publicidad y escritura.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Tómatelo con calma, que el día está gris.

Creo que ando preocupada por el determinismo que rige mi existencia. Al ser humano le gusta considerarse libre, estar convencido de que actúa siguiendo lo que él quiere y lo que él piensa. Pero nada más lejos de la realidad, y es que empezamos a estar condicionados en el mismo momento en que suena ese despertador viejo que, una mañana más, pensamos en cambiar.
He pasado muchos años de mi vida hablando poco, e incluso permaneciendo muda mañanas enteras. En ese aspecto, las cosas no han cambiado demasiado. En un principio se trató de timidez llevada al extremo, de un miedo horrible a dejarme ver. ¿Y ahora? Sí, todavía queda de eso, es la semilla inevitable que todo una conjunto de acontecimientos han ido incorporando en mi interior; no obstante, hay que reconocer el importante esfuerzo llevado a cabo. Hoy en día, mis parcas palabras se deben, me gusta pensar, a mi personalidad. Nada de miedos ni de deseos de esconderse. Creo en la discreción, en el valor del silencio y en los textos bien redactados. Pero es probable que mis creencias no sean más que una forma de disimular mis puntos débiles.


De toda la gente que uno conoce en el aquí y en el ahora, las personas con las que se tiene más relación; ya ni me atrevo a mencionar los grandes y completamente inútiles grupos de amigos; ¿qué porcentaje “quiere escuchar”? Ahí debe estar la base de mi problema. Me atrevería a asegurar que todo es fruto de una costumbre, de un habitual que me ha llevado a acomodarme a la vida. Paso horas y horas rodeada de sombras que hablan, interrumpen, jamás recuerdan nada y jamás piensan que algo que pase fuera de sus vidas pueda ser bueno, divertido o emocionante. De esta manera, todas tus sonrisas, nervios e intrigas ante sucesos “diferentes”, ante hechos que escapan a su vana normalidad, son absurdos; se encargan bien de hacértelo recordar.
Así que hay que guardar los cuentos e historias para esas ocasiones especiales en que aflora de alguien, al fin, una pregunta. En el día a día las intervenciones se hacen innecesarias, las opiniones no tienen ninguna validez. No importa si lo que dices es interesante, aburrido o carece de sentido. Tan sólo cuenta el ruido y los murmullos, que haya vida, y así poder estar tranquilos porqué eso significa que todo va bien.
Como muy pocas personas se interesan por los cuentos, ahora sólo sé hablar bajito y arrastrando las palabras.

Así pues, no soy más que lo que mi rutina hace de mí. Me entra el miedo si pienso que, con una poderosa carga del inconsciente previamente determinada, voy a seguir el mismo camino caldeado y maloliente que han andado antes las personas que conforman mi entorno. Me aterra que todas ellas, en mayor o menor medida, hayan formado una personalidad que entonces deja de ser mía. Y que cuando me hablen de cómo soy yo no sepa reconocerme.
Debido a esto, quizá, tras haber visto tantas veces que la lluvia siempre llega después de las nubes, pase el resto de mi vida asustándome al presenciar que éstas pasan de largo y simplemente dejan un día gris o que, tal vez, abren paso a la luz del Sol. No sé apreciar la caricia de esos rayos, pues estoy demasiado ocupada en sorprenderme y preguntarme: ¿a causa de qué?

(A.M.)

3 comentarios:

  1. Muchas gracias por tu comentario. La verdad es que a mi tambien me encanta tu blog. Que te parece si nos seguimos mutuamente?

    besos!
    http://livingfaraway-lullaby.blogspot.com/

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  2. Hola, gracias por darte una vuelta por mi blog. Me encantan tus sueños, proyectos y la forma en que escribes. Te sigo.
    Un abrazo desde Buenos Aires.

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  3. Hola, gracias por el comentario en nuestro blog. Si quieres podemos intercambiar enlaces mutuos.
    Besos, Carlos

    http://estrellandolaestrella.blogspot.com/

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