Que el mundo se acostumbre desde ya mismo a que yo tome mis propias decisiones. Que sea asumido de una vez que cada respirar es mío, pues no hay nadie detrás ayudándome a llenar de aire, una vez tras otra, mis pulmones. Que se entienda mi deseo de dejar de ser la débil y escondida, la necesidad de ir haciendo mis cambios para acercarme a la tan escurridiza seguridad. Que ya voy tarde aunque no me importe que, aunque muy lentamente, voy a luchar por el morir de mis miedos.
El movimiento ha empezado y sólo yo misma pueda decidir parar.
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