A TRAVÉS DE LAS PALABRAS.

Tengo 20 años, y soy estudiante de Publicidad y Relaciones Públicas en la UAB, Barcelona.

Actualmente, experimentadora nata sobre cómo conectar arte, creatividad, comunicación, publicidad y escritura.

lunes, 19 de julio de 2010

El pájaro preso.

Hace algún tiempo que no consigo escribir.


Era de noche en el cuarto piso de aquel edificio que hacía esquina en la gran manzana de Madrid. Sonia representaba un modelo de adolescente que había reducido las primeras experiencias de su corta vida a la soledad que despedían los viejos muros de aquella estancia. Era de noche, y Sonia dejaba volar sus sueños con un pincel fino en la mano.

Se trataba de un piso sucio, donde de cada esquina emergían hormigas e inabarcables telarañas. Sin embargo, todo disponía de un extraño orden. Lápices, bolígrafos, gomas de borrar y decenas de cuadernos se encontraban minuciosamente alineados en toda superficie de la casa; mesas, escritorios y muebles. En el baño, numerosos envases para el cuidado de la piel y del pelo ocupaban un pequeño pedestal de cristal colocado expresamente para ello. En la cocina ni rastro de platos sucios en la pica, que en cambio tenía un aspecto deplorable. Y en una pequeña sala, una única cama de matrimonio de sábanas rosadas abierta en un mínimo triángulo en la parte superior del lado derecho. Sonia dormía sola.

La mañana anterior debería haber salido a la calle, interrumpir el letargo que ya iba por el séptimo día y comprar alguna cosa que, al menos, la permitiera comer. Pero aquella chica había quedado hundida en el infierno de la indiferencia, de la monotonía y de las luces a baja intensidad. Había convertido en un habitual su recorrido entre estancias estudiando las formas de las baldosas. Y había dejado de encender las luces.

Escasos años atrás había tenido una vida de éxitos con familia y amigos, pero el miedo a actuar había acabado con ella. Sonia recordaba con especial ilusión a una chica, Teresa, con quién había logrado ir madurando y comprenderla poco a poco. Sin embargo, Sonia nunca fue capaz de compartir la fuerza y la seguridad que su amiga regalaba al mundo con sus palabras. Ella fue su última compañía, una última sombra que se perdió la noche que Teresa marchó en busca de sus sueños con unas últimas palabras en su boca.
- ¿Jamás te ha pasado que la decisión de tomar un camino ha electrizado tu cuerpo, que algo dentro de ti te ha dicho que era lo acertado? Yo parto persiguiendo los dictados de mi alma. Tú algún día también sentirás que entre todos los caminos hay uno que te llama a gritos. Ese es sin duda el correcto.
Sonia pensó que se trataba de mero y efímero idealismo adolescente.


Aquella noche el lienzo de Sonia fue pintado con los únicos colores de que disponía; blanco y negro. Mientras, un viento indeciso golpeaba las ventanas con una fuerza que dejaba paso a la calma. A las cinco de la mañana aquella adolescente sin rumbo pudo oír cómo el pájaro que había olvidado en el balcón huía en la tormenta.

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