A TRAVÉS DE LAS PALABRAS.

Tengo 20 años, y soy estudiante de Publicidad y Relaciones Públicas en la UAB, Barcelona.

Actualmente, experimentadora nata sobre cómo conectar arte, creatividad, comunicación, publicidad y escritura.

jueves, 12 de agosto de 2010

Maldita sea, no consigue quitarse de la cabeza aquella imagen. Un coche rojo se abalanzó sobre ella mientras cruzaba la calle durante la última noche. Tuvo miedo, mucho miedo. Y ahora ese suceso la persigue, la atormenta. Aquellos chicos riéndose de ella desde la ventanilla bajada, apenas unas sombras grotescas en la velocidad de la embestida.

Su vida ha acabado, y de la peor manera posible. De día consume las uñas de sus finos dedos para calmar así su ansiedad. Su pierna derecha se encuentra siempre temblando bajo la mesa. Y su respiración se ha vuelto agitada entre sollozos tenues, constantes y nerviosos. Ya no sale a la calle, y la tristeza la está haciendo día tras día más pequeña en su pequeño caparazón.
Pero las noches son aún peores. Mientras su casa se encuentra callada, sumida en la tranquilidad que solo da el descanso, ella abre y cierra los cajones de su escritorio en busca de algo que hacer. Algo que baje la velocidad de los latidos de su corazón, que la conduzca tan imperceptible hacia el sueño como los buenos libros. Porqué hasta ellos han dejado de hacerle efecto.


Una mañana, su hermano mayor la encontró en la mesa de la cocina, con los ojos tan despiertos como inyectados en sangre, los brazos arañados de sus propias uñas mal cortadas. Llevaba dos semanas durmiendo dos horas diarias sin que nadie lo advirtiera, y aquella noche había sufrido un largo ataque de ansiedad. En silencio y a oscuras, engullendo el sufrimiento.
Al ver a su hermano, la chica se levantó en silencio de la mesa. Se dirigió al baño y se metió en la ducha. No había encendido el calentador del agua. Allí, durante 40 minutos, se frotó la piel hasta hacerse daño.

Estaba llena de una suciedad invisible a los ojos, muy distinta al rastro físico de cuando uno cae de bruces en el barro.


(A.M.)

2 comentarios:

  1. aquí tienes una sonrisilla mia, como la que se reflejó en mi rostro al leer tu comentario en mi blog. Sé que tengo "mi propio 1%" esperándome ahí fuera, pero aun no he tenido la suerte de encontrarlo. Mientras tanto, dejo escritas las patadas que recibo, aunque sea de manera sutil, para recordarlas un dia y no darlas yo.
    No me tomes por un radical pesimista, mi blog puede parecer puro odio hacia los demás, pero es solo porque casualmente mis textos positivos, que son la mayoria, son demasiado íntimos como para colgarlos. En cambio, los pesimistas son perfectos para colgarlos y esperar a que algun iluminado me diga que no tengo razón xd
    En realidad, soy un tio simpático :)
    jajaja

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  2. hi estic completament d'acord. jajaja
    doncs de fet, hi ha un text d'aquests íntims i positius, un que no em va fer cap vergonya penjar, tot i que ara ja formi part del passat i això fagi mal.
    Però en fi, un bon record no deixa mai de ser un bon record.

    "Olimp", es diu.

    Se'm dóna força bé llegir entre línies, creu-me :)

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