Olivia tiene sesenta y dos años. Ahora es una mujer que lleva una vida tranquila junto a su marido en una preciosa casa de campo, donde a menudo van sus hijos a verles.
Su memoria es prodigiosa, pero ella no la quiere. Todos sus recuerdos están mancillados, rotos e inservibles, tan deteriorados como aquel osito de peluche que guarda en secreto en el cajón junto a su cama. Le falta un ojo que lleva años confiando en encontrar, si más no en algún rincón de aquella casa uno de repuesto en una tienda de cosas viejas. Pero durante todos estos años, desde que a los diez lloró tres noches seguidas por la falta de compañero que la devolviera a la luz al perderse en sus pesadillas, no ha encontrado el sustituto perfecto.
Olivia recuerda el noventa por ciento de las experiencias que le ha dejado su existencia. Sin embargo, es incapaz de sentir felicidad en ninguna de ellas. En absolutamente ninguna. Nadie lo cree posible.
Quizá ella lleva toda la vida siendo muy exigente. Sí, tal vez nació creyendo que en la Tierra el Sol brillaba día y noche a máxima intensidad. Tal vez cada luna que ha visto en su vida le ha ido llenando el alma de una neutra oscuridad para la que nunca estuvo preparada.
Quizá ella lleva toda la vida siendo muy exigente. Sí, tal vez nació creyendo que en la Tierra el Sol brillaba día y noche a máxima intensidad. Tal vez cada luna que ha visto en su vida le ha ido llenando el alma de una neutra oscuridad para la que nunca estuvo preparada.
(Ainoa Marco de la Torre)
"Sí, tal vez nació creyendo que en la Tierra el Sol brillaba día y noche a máxima intensidad." ME ENCANTÓ.
ResponderEliminarquizá ninguno de nosotros está preparado para tantas lunas nostálgicas, pero definitivamente hay algo hermoso en ellas. ♥
Saludos!