A TRAVÉS DE LAS PALABRAS.

Tengo 20 años, y soy estudiante de Publicidad y Relaciones Públicas en la UAB, Barcelona.

Actualmente, experimentadora nata sobre cómo conectar arte, creatividad, comunicación, publicidad y escritura.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Presente.

Me aterra la existencia del tiempo. Ese maldito segundero delimitando cuánto me retardo en mis acciones. Y el caminar silencioso del calendario, que observa la tarde de lluvia desde las últimas horas de esta cara de la hoja.

Espero a que llegue un tren vacío que me lleve a ninguna parte y me devuelva en otro viaje leve. Ida y vuelta con la compañía de los árboles que crecen tras los sucios cristales. Siempre deseando que llegue la luna, que llegue el día en que seré feliz, que llegue mi sueño, y que así pueda reír. Esperando sin moverme porqué ese día es importante y he de llegar en las mismas condiciones en las que estoy hoy. Inmóvil, esperando. Y las fechas llegan, suceden y se alejan en el tiempo, y yo soy el pasajero que llega tarde y recorre el largo de la vía arrancando su maleta al suelo, hasta que el andén se acaba y no hay forma de llegar al tren.

Pero soy cabezota. Repito en mi memoria las secuencias que quedaron recogidas en mi retina, y así no podré olvidarlas. Nunca voy a reconocer que las he olvidado. Las imágenes no son más que eso, sombras de una realidad que ni tan siquiera es la original.
Un pez que boquea desesperado aún y cuando ya ha sido arrancado del agua, eso es todo. Un pasado, cuatro hechos, y un recordar constante. Nada nuevo. Cuatro cuerdas y una vida que avanza por mi espalda.

Avanzo con la tortura de que el tiempo me hace vieja, y al acabar del pensamiento reconozco que esos segundos me han perdido aún más. Aferrada a cosas que ya viví y ansiosa por los pequeños planes que me esperan. Y dándome cuenta en el último segundo de mi vida de que para mí no ha existido el presente.


(A.M.)

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