A TRAVÉS DE LAS PALABRAS.

Tengo 20 años, y soy estudiante de Publicidad y Relaciones Públicas en la UAB, Barcelona.

Actualmente, experimentadora nata sobre cómo conectar arte, creatividad, comunicación, publicidad y escritura.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Todas las vidas, sean como sean, son tristes.

En su vieja butaca, el cansado y reciente abuelo gastaba los segundos de su existencia. Desde una posición privilegiada observaba las estanterías repletas de libros, que unían como por arte de magia suelo y techo de la estancia. Allí se almacenaban desde los volúmenes más viejos, cubiertos de polvo, hasta el libro comprado aquella misma mañana. Todos perfectamente ubicados siguiendo un orden sólo comprensible para él.

Los ojos del pobre hombre se encontraban hundidos en un rostro no tan experimentado como sus arrugas podrían hacer creer. A su sonrisa le faltaban un par de dientes, o tal vez había llegado a creer que le faltaban tras haber tenido tantas veces aquella terrible pesadilla. La ventana de la biblioteca dejaba pasar una gran cantidad de luz, pero ya eran las cinco de la tarde y el invierno se acercaba.

El hombre, absorto en sus pensamientos, mantenía la mirada fija en el joven árbol que, a algunos metros de la ventana, guardaba silencio. Ni un niño en la calle, ni un pájaro descansando en sus ramas, ni una ráfaga de viento agitándolas. De repente, recordó que alguien le había dicho alguna vez que todas las vidas, sean como sean, son tristes. Sí, alguien se lo había dicho muchos años atrás.

Recordaba cómo veía los árboles cuando aún era un niño. Entonces el mundo le parecía mucho más grande, más alto, más inalcanzable. Recordaba cómo odiaba los inviernos, aquellas peleas con sus padres para poder llegar a casa más tarde de las cinco. Recordaba, vagamente, haber tenido una vida que no era la suya, una vida programada, basada en los horarios y en unas responsabilidades que parecía perseguir sin llegar a cumplir nunca. Recordaba todos los libros que leyó aquellas tardes que permanecía en el sofá.

De repente, el hombre se agitó nervioso en la butaca, asustado por lo que debería ser una copa de cava rompiéndose en el salón de los vecinos. Genial, había perdido el hilo de sus pensamientos. Y seguía sin recordar quién le había dicho aquello.

(A.M)

2 comentarios:

  1. ok..me enkntoooo esta entrada...y me siento muui familiarizada..*_* me enknta...qizas lo mencione en mi blog en cualqier momento..d verdad...m nknto...
    te djo mi blog..a ver si t lees mi historia y comentas q tal.....:P
    http://dreamsdarks.blogspot.com/

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