A TRAVÉS DE LAS PALABRAS.

Tengo 20 años, y soy estudiante de Publicidad y Relaciones Públicas en la UAB, Barcelona.

Actualmente, experimentadora nata sobre cómo conectar arte, creatividad, comunicación, publicidad y escritura.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Pluma dorada.

Quizá todavía sea posible construir una historia con los miles de relatos, pequeños retales, que cayeron en espiral hasta el fondo de la ria. Quizá aún sea posible…
Cogió su pluma dorada, de tinta negra, y dejó que la música y el agua corrieran por su mente. Era uno de esos escasos momentos en que presionaba a su racionalidad y a su emoción para que se dieran la mano.

Se entretenía anudando el pañuelo alrededor del cuello de ella. Una operación lenta y minuciosa, y sus ojos puestos en la concentración de él; sus ojos, brillando. Le brillaba el alma de todo ese calor, de todas esas caricias secretas, de todos esos abrazos que da miedo quebrar con un simple suspiro. Alguien le había hablado del ideal estoico, del no buscar la felicidad para no toparse de bruces con la tristeza. Si bien es cierto que ella quería vivir, y que, una vez descubierta la vida, se hacía difícil renunciar.
Podía levantar la mirada y ver, podía tumbarse y dejarse recorrer. En un primer momento le gustaba mantener los ojos muy muy abiertos para asegurarse de que la realidad no se desvanecía delante de sus narices. Conforme pasaban las horas, no importaba si los ojos se cerraban: era algo que sabía, algo que sentía. Sentirse arropada se volvía algo maravilloso, ya no era su propio abrazo frío el que la mecía todas las noches.


Se moría de hambre. Mientras, la música no dejaba de sonar...

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