Pero yo estaba en ello, metida de lleno, y me tocaba pensar rápido. Aunque en vez de eso sólo acertara a detener mi inconformista mente. La dejé inútil e inservible en un momento realmente importante.
Las ayudas pueden ser simples disfraces de amigas que te devoran, y los monstruos más temibles pueden esconder dentro una gran ayuda. Puede que me equivocara, pues sólo he querido escuchar lo que viví. Y puede que no.
Aprecio enormemente a todas y cada una de las personas que tengo a mi lado, en la silla de enfrente o al otro lado de esta pantalla. No soy fácil de enfadar, pero cuando sucede, deja que decida cuándo volver a la normalidad.
Una encerrona nunca es la mejor opción, obligar a encontrar soluciones aquí y ahora no puede de ninguna de las formas acabar bien.

¿Y sabéis qué? Por una vez en la vida quiero ser egoísta. Cederé, porqué no quedará otra salida, pero todavía no. Tengo experiencia en ceder, eso no debe preocuparos.
Horas interminables de lecciones y silencio, sin miradas a la mesa de al lado, sin palabras, sin explicaciones, sin dibujos… sin sensaciones molestas que no se solucionan y se pasan por alto. Cambia un poco la situación.
Me obliga a moverme, a cambiar mi rutina y mi grupo. Me obliga a probar un ¿qué pasaría si…? ¡Y he estado bien! Una semana, 7 días, sin conversación con mi gente de siempre. Y acercándome sin miedo a otras mesas. Y no me ha ido tan mal.
Aquel poco conocimiento de ambas que teníamos, cuando decidimos unirnos, como forma de entrar aquí. Se ha vuelto en contra… mía. Puedo entenderte y compartir. Pero buscamos cosas diferentes, y los pequeños enfados cada cierto tiempo son inevitables. No quiero cambiarte, por eso no pediré más que seas capaz de escucharme. Simplemente me alejaré lo justo de ti.
De nuevo, amigas insostenibles arrastradas en el tiempo.
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