A TRAVÉS DE LAS PALABRAS.

Tengo 20 años, y soy estudiante de Publicidad y Relaciones Públicas en la UAB, Barcelona.

Actualmente, experimentadora nata sobre cómo conectar arte, creatividad, comunicación, publicidad y escritura.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Fantasía.


La niña, hoy, toma conciencia de su cuerpo. Sus piernas suaves, sus manos delicadas, sus finas curvas; delatando que no es tan niña como quiere ser. La niña, hoy, tumbada sobre las sábanas de la cama. Su cabeza a los pies y sus pies, tras unas piernas dobladas en uve invertida, centímetros más abajo de la almohada. El abismo a su izquierda. Observa la mano derecha, lentamente, girando su muñeca, formando un puño frágil e inocente, separando de nuevo los dedos hasta perder de vista sus uñas; gira de nuevo la muñeca, ahí están. Roza apenas la pared blanca que acaba con la anchura de la cama. Es esa sensación suave, ligeramente rugosa. Entonces acaricia sus piernas, de nuevo esa sensación suave, ligeramente nerviosa. El vello de sus brazos erizado, los ojos cerrados. Bajo la ropa, la respiración muy lenta marca sus costillas en cada movimiento. Sus pies pequeños, inmóviles junto a la almohada. El pelo retirado de debajo de sus hombros, a continuación del cuerpo estirado, en el límite del colchón. Sus brazos se mueven lentos, acarician el pelo todavía húmedo y se posan sobre su vientre, meciéndolo al compás de su respiración. En el radiocasete que hay sobre la mesa, la lenta canción ahora repite “cruzando a tu balcón cada madrugada”.


(A.M.)

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