Nadie nos enseñó a amar, y sin embargo un día enredamos nuestras piernas entre los rosales del amor. Perdimos nuestras caderas, tan presionadas fueron por esas pequeñas bombillas de Navidad que siempre se enredan. Perdimos nuestro corazón, tan alocado que vivía día y noche entre paredes que no eran para él.
Tampoco nadie nos enseñó a corregir nuestros errores cuando estamos metidos de lleno en ellos. Nos avisaron, decenas de veces, incluso un centenar. Pero tan obcecados estamos en gozar de nuestra propia perdición que olvidamos como echar a correr.
Lo cierto es que las personas aprendemos a disimular, pero seguimos siendo lo que somos. Nos empeñamos en ir de cabeza hacia el dolor, convencidos, tal vez, de que buscamos hacernos más fuertes. Y unas veces lo conseguimos, y otras seguimos dando cabezazos, haciéndonos daño hasta que en el algún momento la pared se tendrá que caer. Y si, algunas veces se cae, pero quedan marcas en el cuerpo que tiempo después, con suerte entre la sonrisa de una persona que ya no disimula, nos hará recordar. Esa, y sólo esa, puede jurar ser una persona verdadera.
Y es que el amor trastoca los sentidos y la percepción del mundo. El amor nos hace esperar, convencernos, amar en sueños a abrazos pequeños, atesorar el tiempo y, porqué no, causar el caos en el argumento de nuestros escritos.
¡Me encanta como escribes ^^!
ResponderEliminarEspero que sigas asi :D.
un beso guapa (L)
Pero tan obcecados estamos en gozar de nuestra propia perdición que olvidamos como echar a correr.
ResponderEliminarOH. Te aviso desde ya que eres una de mis 3 escritoras favoritas!!!!!
No puedo creerlo,
alguna vez alguna persona te dijo que sos un genio??
LO SOS!
DIOS, no puedes escribir tan bien:D
(¿Me compartes un poquitito ?) haha
Bueno besos
BMC
AWWWWWWWWW ♥
ResponderEliminardemasiado cierto y hermosoooo *.*
lo ame lo ameeee
adoro tu forma de expresar todo a traves de las palabrasss
sigue asii (: