A TRAVÉS DE LAS PALABRAS.

Tengo 20 años, y soy estudiante de Publicidad y Relaciones Públicas en la UAB, Barcelona.

Actualmente, experimentadora nata sobre cómo conectar arte, creatividad, comunicación, publicidad y escritura.

domingo, 6 de marzo de 2011

Mañana nos reuniremos para contárnoslo

(Cómo nos ha ido esta noche de Carnaval)


No existe el tiempo ni el número de vidas en que nos movemos por el mundo, pues nadie a quién he preguntado sabe responderme a cuántos años es un minuto. Así, la única medida válida es la del metro de pared que está colgado a la derecha del espejo, justo donde un alma impalpable vigila de reojo la cama de peluches, colores y dosel.
Y allí está, insistente, una niña con un lápiz mordido entre sus dedos que traza líneas sobre su cabeza, despertar tras despertar. Ha calculado que necesita alcanzar el metro veinte que marca el final del sombrero del elefante para poder llegar sin pedir ayuda hasta al bote de galletas, en la cocina de su casa. Aunque algunos días querría acelerar las cosas no puede hacerlo, y es a partir de cada comida, cada ducha y cada noche reparadora que va haciéndose mayor. Otros meses, en cambio, aborrece las galletas porqué al fin y al cabo también se niega a crecer.

Ha sido hoy que el trazo del lápiz ha ido a parar directamente sobre la pared roja, ignorando todo grito del gracioso animal. Era aquí donde debía llegar. En ella se ha ido reuniendo el valor y la fuerza que la llevarán hasta un asunto que espera solución desde hace demasiado tiempo. Ahora es capaz de enfrentarse a su pequeño problema, es capaz de afrontar algo nuevo; su mente se ha ido transformando.

A pesar de todo, es necesario reparar en que ella sigue siendo una niña que no siempre querrá comer galletas, y que sigue preguntándole cada mañana a su particular espejito mágico en qué medida ha envejecido. Aunque ahora de poco le sirve que haya un elefante más pequeño que ella ocupando un espacio en la pared, y se ha decidido a utilizar un nuevo papel en blanco que ha de colocarse sobre el sombrero. Pero, con toda la maniobra del lápiz en la mano y las legañas en la cara, no consigue mantener el papel recto y en su lugar. Si sólo hubiera alguien que lo sujetara por ella, podría seguir creciendo sin problemas. Quizá pueda pedirle ayuda a la extraña alma del espejo, y es que hoy quiere comer, ducharse y meterse de nuevo en la cama.

(A.M.)

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