| (M. C. Escher, 1951) |
Ellos lo han querido, ellos me han puesto a prueba desde el primer día de mi existencia y no han parado hasta convertirme en el chiflado solitario que soy hoy en día. Bien, pues esta vez mi plan era brillante. El sujeto debía sufrir, debía sentir dolor físico y debía conocer los recovecos de un alma partida en dos. Debía conocer hasta qué punto se puede sentir bajo una piel humana.
Iba a tentarle, iba a ponerle a prueba vestido con mis mejores galas para la ocasión. Iba a embriagarle con el químico más tóxico que haya sido descubierto, iba a ensuciar su rostro con mi apestosa dentadura. Iba a alzarme sobre él para gritarle desde arriba, iba a ensordecerle con el ruido de un cassette imparable, breve e infumablemente repetitivo.
Pero qué vamos a hacerle, no se oye ni un solo sollozo ahí adentro. Quizá, tal vez, para mi desgracia y para mi ausencia de diversión, el sujeto haya muerto silenciosamente y yo me quede sin experimento.
(A.M.)
Hola, me ha gustado mucho tu blog. Es una lástima que no lo actulieces tan a menudo. Espero que recobres las ganas pronto.
ResponderEliminarUn saludo.
hola , es la primera que estoy por aquí, y son buenas tus historias.
ResponderEliminar